La interna en el Poder Ejecutivo sumó un capítulo de alto voltaje este martes. Tras ausentarse de la misa oficial en la Basílica de Luján por el aniversario del Papa Francisco, la vicepresidenta Victoria Villarruel —actualmente a cargo de la Presidencia por el viaje de Javier Milei a Israel— reapareció en la Basílica María Auxiliadora y San Carlos, en el barrio porteño de Almagro, lugar donde Jorge Bergoglio fue bautizado.
Desde allí, Villarruel lanzó duras críticas hacia la organización del evento en Luján y justificó su decisión de no compartir la primera fila con figuras de su propio espacio y de la oposición.
En declaraciones televisivas, la titular del Senado fue tajante al explicar por qué decidió esquivar la “foto de unidad” que se buscaba en la Basílica de Luján: “La ceremonia tenía un contenido que era el recuerdo al Papa, pero allí estaba lo peor de la casta política. Yo en eso soy coherente con mis creencias”, disparó la vicepresidenta.
Aunque no lo mencionó explícitamente, su negativa a sentarse junto al Jefe de Gabinete, Manuel Adorni (imputado por presunto enriquecimiento ilícito), sobrevoló cada una de sus palabras. “Vengo a misa y quiero estar entre mis compatriotas. Como el 2 de abril, me parece que la política se mete en fechas que son de la gente. Yo prefiero estar con la gente”, insistió, marcando un perfil diferenciado del resto de los funcionarios nacionales.
Mientras Villarruel rezaba en Almagro, en Luján la primera fila exhibió una postal del oficialismo encabezada por Manuel Adorni, Diego Santilli, Martín Menem y Bartolomé Abdala. En el mismo recinto, aunque filas más atrás, se ubicaron referentes del peronismo como Axel Kicillof, “Wado” de Pedro e intendentes del conurbano.

Para Villarruel, esa convivencia forzada bajo el techo de la Basílica representó una claudicación ante los sectores que el Gobierno prometió combatir. Su ausencia no solo dejó una silla vacía en el protocolo oficial, sino que profundizó la percepción de una fractura política entre la Vicepresidencia y la Casa Rosada.
Un gesto de autonomía política
Al elegir el lugar donde Bergoglio fue bautizado, Villarruel buscó disputar el sentido del homenaje al Papa, dándole una impronta más espiritual y menos institucional. El “faltazo” ocurre en un momento clave: con Milei en Jerusalén firmando los Acuerdos de Isaac, la encargada de la primera magistratura en suelo argentino decidió marcar una agenda propia, desafiando la estructura política que rodea al Presidente.
