**Por Cecilia Inés Russo
En los equipos —como en la vida— hay una diferencia clave entre lo que nos pasa y la posición que tomamos frente a eso. Y esa diferencia define mucho más de lo que solemos ver.
Hay algo que aparece con mucha frecuencia en los equipos, aunque no siempre se nombre así. Personas que se dicen comprometidas, capaces, incluso bien intencionadas…que operan desde un lugar de poca incidencia. Opinan, pero no intervienen. Se quejan, pero no actúan. Ven lo que no funciona, pero lo dejan donde está. Y desde ahí, el equipo empieza a perder fuerza.

No es lo que pasa. Es desde dónde me paro
En cualquier equipo —y en cualquier contexto— pasan cosas: decisiones que no compartimos, cambios que no elegimos, errores, tensiones, desorden. Eso es parte del juego. Pero hay algo que no viene dado por la situación: la posición desde la que cada uno se para frente a eso. Es ahí donde aparece una distinción que, aunque incómoda, es clave: no es lo mismo moverse desde la queja… que desde el protagonismo.
Cuando el protagonismo no aparece se expresa en frases como:
- “esto no depende de mí”
- “acá siempre pasa lo mismo”
- “yo ya lo dije”
- “no tiene sentido intentar cambiarlo”

No es falta de capacidad. Es una forma de ubicarse. Una forma de quedar por fuera de lo que pasa, aunque se esté dentro del equipo.
Cuando esa posición se instala, algo empieza a erosionarse: la energía baja,
la conversación se empobrece, las posibilidades se reducen. Y lo más complejo es que muchas veces no se percibe como un problema. Se vuelve parte de lo “normal”.
Pero un equipo donde predomina la espera,, la queja o la resignación…difícilmente pueda sostener resultados en el tiempo.
Pasar a una posición protagonista no significa: hacer todo, tener todas las respuestas, ni resolver lo que no depende de uno.
Significa algo más simple —y más desafiante—:dejar de ubicarse por fuera.
Es el momento en que alguien se pregunta:
“¿Qué puedo hacer yo, con lo que hay, desde el lugar que tengo?”
Y actúa en consecuencia.

Ser protagonista no es una cuestión de motivación. Es una decisión.
A veces se habla de “cambiar de actitud” como si fuera un tema de ganas o energía.
Pero no es eso. No es sentirse mejor. No es pensar en positivo. Es una decisión.
Una decisión que se toma —o no— en cada situación:
cuando algo no funciona,
cuando algo incomoda,
cuando algo podría ser distinto.
Cuando algunas personas empiezan a moverse desde este lugar, algo cambia. No de manera inmediata. No de forma mágica. Pero cambia.
Aparecen conversaciones que antes no estaban. Se abren posibilidades nuevas.
Se construyen acuerdos más reales.
Y sobre todo, el equipo deja de depender de que “alguien más” haga que las cosas pasen.

Más allá de lo que hoy esté pasando en tu equipo, tal vez sea bueno detenerse en una pregunta:
¿Desde qué lugar estoy participando yo de esto?
No para juzgarse.
Sino para elegir, con más conciencia, cómo estar.
No siempre podemos elegir lo que pasa en un equipo. Pero sí podemos elegir la posición desde la que participamos.
Y ese movimiento —aunque sea individual—
tiene un impacto mucho más grande del que solemos imaginar. Porque ahí es donde empieza, de verdad, el liderazgo personal.

**Cecilia Inés Russo
Master Coach Ontológico Profesional
Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría
