“La IA siempre mira para atrás, los humanos, siempre para adelante”: Alejandro Piscitelli en MDI
El filósofo Alejandro Piscitelli analizó el impacto de la IA, advirtió sobre la concentración tecnológica global y sostuvo que las máquinas “miran para atrás”, mientras que los humanos conservan la creatividad, la curiosidad y la capacidad crítica para imaginar el futuro.

Este viernes en el piso de La Mañana de Info recibimos a Alejandro Piscitelli, reconocido filósofo especializado en nuevos medios quien desmitificó el furor actual por la inteligencia artificial, advirtió sobre la concentración geopolítica de la tecnología y destacó que el verdadero valor de estas herramientas está en resolver problemas complejos, sin descuidar las capacidades humanas y críticas que las máquinas jamás podrán replicar.

​El filósofo Alejandro Piscitelli visitó el estudio en el marco de su llegada a la provincia para dictar una serie de actividades en la Universidad Católica de Santiago del Estero (UCSE). Su agenda incluyó una multitudinaria charla con jóvenes de bachillerato en el evento Smart City donde remarcó la necesidad de adaptar los enfoques educativos actuales y un encuentro vespertino orientado a profesores y egresados. Durante la entrevista, el especialista recordó que las grandes preguntas sobre el futuro del trabajo y la IA no son nuevas: en 2003, invitado por la Fundación Santillana para analizar estas temáticas, ya se planteaban los interrogantes sobre qué profesiones sobrevivirían, el temor al desempleo masivo y la necesidad de subsidios estatales; dilemas ante los cuales, de manera honesta, reconoció que nadie tiene una respuesta definitiva.

​Al abordar el cambio de paradigma educativo, Piscitelli fue categórico en desarmar el discurso mesiánico que rodea a la tecnología. Explicó que la inteligencia artificial no es una entidad única ni un invento de la semana pasada, sino un concepto arraigado desde los autómatas de la antigua Grecia. “No es el santo que viene a resolverlo todo”, afirmó, señalando que los usuarios deben entender que las corporaciones no venden ilusiones ni formas de pensar, sino productos comerciales bajo la lógica capitalista de “primero te lo regalo, después te lo vendo”. En este escenario, el desarrollo global está concentrado en manos de gigantes como Google y Microsoft, junto a firmas emergentes como Anthropic o los proyectos de Elon Musk.
​Para ilustrar el verdadero potencial de la IA, el filósofo invitó a seguir el rastro de Demis Hassabis, creador de DeepMind. Este científico y exniño prodigio del ajedrez vendió su empresa a Google en 2014 con un propósito terapéutico: resolver enfermedades. Tras entrenar redes neuronales con juegos complejos como el Go, su mayor logro llegó al descifrar la estructura tridimensional de todas las proteínas conocidas, una tarea que a un científico humano le demandaba décadas de investigación. Al liberar esa información de forma gratuita a los laboratorios del mundo, Hassabis demostró que la IA es verdaderamente útil cuando se aplica a la resolución de los llamados wicked problems (problemas malditos o de extrema complejidad).

​Respecto al interrogante de si la tecnología nos está volviendo más vagos, Piscitelli matizó diciendo que la humanidad siempre ha tendido a la ley del mínimo esfuerzo, pero alertó sobre la falta de análisis crítico en las nuevas generaciones. Citó un experimento educativo donde los alumnos que dependieron exclusivamente de ChatGPT obtuvieron calificaciones desastrosas. El problema radica en que los modelos de lenguaje actuales operan de forma retrospectiva. “La IA que tenemos es como la luz de una estrella lejana; la estrella puede estar muerta, pero vemos su luz. El chat trabaja con información del pasado que alguien ya sistematizó; mira para atrás, mientras que los humanos miramos para adelante”, explicó, resaltando que el miedo, la sorpresa, la curiosidad y la capacidad de imaginar alternativas son rasgos exclusivamente humanos. Por ello, apostó por una alianza: “Los humanos y la IA unidos no serán vencidos”.

​Finalmente, el especialista analizó el escenario internacional y la profunda “guerra fría” tecnológica y geopolítica en curso. El mundo asiste a un traspaso de hegemonía militar, cultural y comercial de más de dos siglos de dominación norteamericana hacia el eje liderado por China, un movimiento tectónico evidenciado en las recientes cumbres y tensiones diplomáticas entre las grandes potencias. Piscitelli comparó la situación actual de las empresas tecnológicas con la industria automotriz de principios del siglo XX: de miles de fabricantes de carruajes y coches, el mercado decantó en unos pocos jugadores masivos. El peligro actual, concluyó, radica en la concentración del poder tecnológico en firmas estadounidenses específicas, algunas de ellas fuertemente vinculadas a la industria militar y de inteligencia, capaces de automatizar decisiones de vida o muerte en cuestión de segundos a nivel global.

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