Por Melissa Ramírez
En Bichos no todos los pacientes tienen las mismas necesidades. Algunos llegan con fracturas que requieren cirugías, otros necesitan análisis de sangre, ecografías, radiografías o largas internaciones. Hay perros que deben ser amputados para poder seguir viviendo y otros que, incluso, atraviesan tratamientos oncológicos. Pocos saben que dentro del refugio también hay animales que reciben sesiones de quimioterapia.
“Muchas veces la gente piensa que solo pedimos plata, pero no sabe para qué es. Tenemos perros con cáncer que hacen quimio una vez por semana. La medicación se compra en veterinarias, el tratamiento lo realiza el veterinario y no siempre todos lo toleran. Algunos responden muy bien y otros, lamentablemente, deben suspenderlo porque su cuerpo ya no resiste”, explicó Alejandra.
Uno de los diagnósticos más frecuentes es el Tumor Venéreo Transmisible, conocido como tumor de Sticker, una enfermedad que se contagia principalmente durante el apareamiento entre perros sin castrar. El tratamiento puede extenderse durante semanas o incluso meses y representa otro gasto difícil de afrontar para una institución que vive al límite de sus recursos. Por eso, desde el refugio insisten una y otra vez en la importancia de la castración.

Emma, agotada tras un día de quimioterapia.
Cada animal rescatado permanece bajo observación hasta alcanzar la edad adecuada para ser castrado. Aunque muchas personas prefieren adoptar cachorros pequeños, Alejandra asegura que todavía persisten falsas creencias que generan un enorme daño.
“La gente sigue creyendo que una perra tiene que tener una camada antes de castrarla y eso no es cierto. Es un mito. Lo mejor para ellas es evitar ese sufrimiento y prevenir enfermedades”, explicó.
La tarea tampoco termina cuando un perro recupera la salud. El verdadero desafío es lograr que vuelva a confiar. Por eso, quienes trabajan en Bichos no solo limpian caniles o suministran medicamentos. También hablan con los animales, los acarician, juegan con ellos y les dedican tiempo.
“Nosotros buscamos personas que amen a los animales. No nos interesa si tienen un título o determinada experiencia. Eso se aprende. Lo que no se puede enseñar es quererlos. Hay perros que llegan completamente rotos por dentro. Necesitan sentir que nadie les va a hacer daño otra vez”,
Hay animales que no permiten que los toquen durante semanas. Otros reaccionan con miedo o agresividad porque toda su vida conocieron únicamente el abandono, el maltrato o la indiferencia.
“Hay que hablarles, tenerles paciencia, darles un mimo de más, ganarse su confianza. Ellos necesitan entender que esta vez alguien llegó para cuidarlos”, agregó.
Esa filosofía explica por qué el refugio funciona como una gran familia durante trece horas al día. Desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche siempre hay alguien recorriendo los caniles, preparando la comida, limpiando, curando heridas o simplemente sentándose unos minutos junto a un perro que todavía no aprendió a mover la cola.
Sin embargo, Alejandra siente que todavía falta algo muy importante. Que la sociedad conozca realmente qué ocurre puertas adentro.
“Muchos nos conocen solamente cuando pedimos ayuda. Hay personas que creen que queremos plata para nosotros y no es así. Nosotros pedimos porque ellos la necesitan. Ojalá algún día la gente venga, recorra el refugio y vea con sus propios ojos todo lo que se hace acá.”
Mientras habla, a pocos metros vuelven a escucharse los ladridos de decenas de perros que esperan una caricia, una mirada o la oportunidad de empezar otra vida.
Algunos llegarán a encontrar una familia. Otros pasarán allí el resto de sus días.
Pero todos, absolutamente todos, tienen algo en común: un día alguien los abandonó y, cuando parecía que ya no quedaba nadie dispuesto a tenderles una mano, encontraron un lugar donde volvieron a ser importantes. Porque en Bichos no solo rescatan animales. Rescatan historias. Rescatan confianza. Y, muchas veces, rescatan esas vidas que el resto del mundo ya había dado por perdidas.
