En una entrevista con #MDI el Monseñor Enrique Martínez Ossola, obispo auxiliar de Santiago del Estero, analizó el conflicto eclesiástico generado tras la reciente ordenación de cuatro obispos por parte del movimiento lefebvrista sin la autorización del Papa.
Martínez Ossola fue tajante al evaluar la postura de este grupo tradicionalista, fundado en los años 70 por Monseñor Lefebvre en rechazo a las reformas del Concilio Vaticano II “Esto pasa por cabezas duras y mentes cerradas al Espíritu Santo. Es lo que pretenden, una iglesia anclada en el pasado”. El obispo expresó su tristeza por la división que este hecho provoca, aunque aclaró que la ruptura es una decisión de ellos mismos “no es que uno sancione, ellos solos nomás se ponen afuera. No aceptan la autoridad papal y para nosotros los católicos la autoridad del Papa es la comunión”.
Al ser consultado sobre las misas preconciliares que este sector celebra en la ciudad de La Banda, el referente de la Iglesia local señaló que, si bien la libertad de culto está vigente y se respeta en el país, estas prácticas están al margen de la estructura oficial. “No es católico, la Iglesia católica está vinculada de otra manera. Yo voy a cualquier templo católico de la Argentina y puedo ejercer mi ministerio, pero esta gente no entra dentro de nuestros registros”, diferenció, restándole además futuro a la corriente al compararla con los “veterocatólicos” del siglo XIX, quienes rechazaron el Concilio Vaticano I y terminaron extinguiéndose por falta de renovación y de aceptación en la juventud.
Martínez Ossola desglosó los cambios que trajo el Concilio Vaticano II respecto a las costumbres y la liturgia, minimizando las exigencias estéticas que imponen los lefebvristas, como el uso obligatorio de la sotana. “Nosotros usamos el cuello romano que significa que uno es consagrado, pero yo, ni aun como obispo, he usado sotana. Es una cosa totalmente relativa; Cristo no usaba un hábito, usó la vestimenta común de la gente de la época”, recordó. Sin embargo, para el monseñor, la diferencia más profunda y preocupante no es estética sino pastoral, apuntando a la nula presencia de este movimiento en la realidad social de las comunidades.
“A nosotros nos preocupa el narcotráfico, la situación económica, la falta de salarios, la pobreza, la falta de esperanza de algunos jóvenes y las falencias en la educación. Ellos se quedan simplemente encerrados en la liturgia, juzgando y condenando al mundo en vez de tratar de ser semillas de cambio. Creo que eso es lo peor que tiene el encerrarse como secta”, sentenció con firmeza. Hacia el final de la entrevista, el obispo reivindicó la figura del Sumo Pontífice como el “servidor de los servidores de Dios” y un punto de cohesión fundamental para superar las dificultades, concluyendo que, a diferencia de los grupos que “se cortan solos y se creen poseedores de la verdad”, la misión de la Iglesia es ser servidores de una verdad que va mucho más allá de un rito.
