Andrés Frías Rodríguez es un artesano proveniente de la localidad de Gramilla, departamento Jiménez, quien en esta ocasión participa en la Feria Artesanal de Santiago del Estero con la misión de difundir la cultura de los pueblos originarios a través de sus obras.
En medio del bullicio de la feria, entre el aroma a empanadas, el murmullo de la gente y el ir y venir de los visitantes que buscan un recuerdo o un mate, la primera carpa propone un viaje completamente distinto. Aquí no hay piezas en serie ni objetos de souvenir comercial; lo que se ofrece es un pedazo de historia moldeada en barro.
Andrés, quien lleva más de 40 años dedicados a este oficio, regresó a la feria con el arte de los pueblos originarios, leyendas y mitos de Santiago del Estero, una muestra auspiciada por la comisión municipal de Gramilla, brindando homenaje a la memoria de sus ancestros.

Una muestra digna de visitar
Una muestra que cuenta con esculturas de figuras como la Mama Antula, la cual fue la primera traída en el año 2016 y se encuentra bendecida por el padre Tenti, la Pachamama, el Toro Supai y otros personajes que, a partir del lunes, se encontraran en exhibición.
Tras haber participado en ediciones anteriores, este ano trae una colección con aproximadamente 5 meses de producción representando a la raza Tonocotes “una raza olvidada” según sus palabras. “Nuestra lengua se ha perdido hace mucho tiempo. Pero la raza, la sangre, la memoria todavía existen”, expresó, resaltando su emoción a la hora de recibir visitas de alumnos y profesores de las escuelas de cerámica y artes plásticas de la provincia, gustoso de responder dudas sobre la producción de sus obras y representar a su raíces.
Detrás de cada pieza hay una línea familiar que se niega a borrarse. Lejos de las escuelas específicas de cerámica o escultura, Andrés Frías Rodríguez aprendió el oficio de la mano de su abuelo, Don Ricardo Medina. Él fue quien guio sus primeros pasos y le transmitió de forma oral la mitología de sus antepasados.
Qué encuentran en la Feria
Ese legado espiritual se traduce hoy en un trabajo riguroso con la materia prima, plasmando las leyendas, sirviéndose solo de sus manos, cuchillos y gubias de fabricación casera.
Para el alfarero, este proceso es una conexión directa con sus ancestros, quienes le permiten volcar en la alfarería y el tallado las historias de personajes olvidados.
Andrés sostiene que la gente actualmente esta acostumbrada a otra cosa, no a valorar la identidad y lo hecho con un esfuerzo de días “Parecen extranjeros en su propia tierra” sentenció.
El trabajo del alfarero es, en esencia, la manipulación de los cuatro elementos; un camino de esfuerzo, labor constante y aprendizaje a base de aciertos y errores. En el moldeado, la tierra se fusiona con el agua, el fuego y el aire para que florezca una obra de arte única. En ese sentido, Andrés resalta el valor sagrado de la tierra y evoca las escrituras: “De tierra somos y al polvo volveremos”. Esa conexión espiritual fundamenta su labor, bajo la premisa de que la humanidad misma fue moldeada, desde sus orígenes, como una vasija divina.
