El senador nacional Gerardo Zamora y la exgobernadora de Santiago del Estero, Claudia Ledesma Abdala de Zamora, se sumaron este 1 de agosto a una de las tradiciones más arraigadas del norte argentino: tomar caña con ruda en ayunas como símbolo de protección, salud y buenos augurios.
La imagen fue compartida por el propio legislador nacional a través de sus redes sociales, donde relató que la visita de un amigo marcó el inicio del tradicional ritual. “¡Caña con ruda el 1 de agosto! Esta mañana nos tocó la puerta el amigo Chata Paz, con el ‘remedio’ definitivo: tres tragos de caña con ruda macho para tomar en ayunas. Para la salud, contra las malas ondas y para la buena suerte, y para que la Pachamama nos llene de buena fortuna. ¡Gracias amigo!”, escribió Zamora.
Como ocurre cada año, miles de personas en distintas provincias argentinas renovaron esta costumbre vinculada al Día de la Pachamama, una celebración que honra a la Madre Tierra y forma parte del patrimonio cultural de los pueblos originarios de la región.

¿Por qué se toma ruda con caña el 1 de agosto?
La costumbre de beber caña con ruda cada 1 de agosto tiene raíces en las creencias de los pueblos guaraníes y, con el paso del tiempo, se fusionó con las celebraciones dedicadas a la Pachamama, especialmente en el noroeste argentino y otras regiones del país.
Según la tradición, agosto era considerado un mes especialmente difícil por las bajas temperaturas, las enfermedades y las escasas cosechas. Para enfrentar ese período, se preparaba una mezcla de caña blanca con hojas de ruda macho, una planta a la que desde tiempos ancestrales se le atribuyen propiedades medicinales y protectoras.
El ritual indica que la bebida debe consumirse en ayunas durante la mañana del 1 de agosto. En muchas familias se acostumbra tomar tres sorbos, aunque otras optan por siete o un solo trago largo, siempre con la intención de atraer salud, prosperidad y alejar las energías negativas durante el resto del año.
La preparación suele elaborarse con anticipación, dejando macerar las hojas de ruda en caña durante varias semanas o incluso meses para potenciar su sabor y, según la creencia popular, sus propiedades.
Con el paso de las generaciones, esta tradición trascendió el ámbito de las comunidades originarias y hoy es una práctica extendida en gran parte de Argentina, especialmente en las provincias del norte, donde cada 1 de agosto miles de personas renuevan el ritual como una expresión de identidad cultural, agradecimiento a la Madre Tierra y deseo de bienestar para el año que comienza.
