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“El Polaco no es de nadie, es de todos”: fuerte planteo de Soledad Castelli en medio de la interna por el futuro del Montecito

La amiga y colaboradora de Eduardo “Polaco” Groh Riemersma habló en La Mañana de Info sobre las diferencias que surgieron tras su muerte, su encontronazo con la familia y los proyectos que quedaron pendientes. “No quiero que el Polaco se olvide”, remarcó.

RI
Por Redacción Info del Estero
Hace 1 hora · 7 min de lectura
Martin Cabral y Soledad Castelli
FotoMartin Cabral y Soledad Castelli

La muerte de Eduardo “Polaco” Groh Riemersma no solo dejó un enorme vacío entre quienes durante años acompañaron su lucha por los animales. También abrió interrogantes y algunas diferencias sobre qué pasará con El Montecito de los Canichones y quiénes tendrán a su cargo la continuidad de la obra que construyó durante años.

En ese escenario, comenzó a instalarse en redes sociales una supuesta interna entre la comisión directiva que quedó formalmente vinculada al refugio y un grupo de amigos y colaboradores del Polaco que, aunque no figuran dentro de la estructura formal de la institución, fueron durante años parte de su trabajo cotidiano y son algunas de las caras más reconocidas públicamente de su entorno.

Este lunes, en La Mañana de Info, Soledad Castelli y Martín Cabral hablaron por de esa situación y buscaron ponerle un freno a las especulaciones.

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Ambos dejaron en claro que no forman parte de la comisión directiva y que respetan a quienes tienen a su cargo la cuestión legal y administrativa, pero explicaron que asumieron un rol operativo para atravesar los primeros días de reorganización del refugio.

Y en medio de esa explicación, Soledad habló también de un tema mucho más profundo: la familia del Polaco, su último deseo y el lugar que, según ella, debería ocupar su figura de ahora en adelante.

El choque con la familia la noche de la muerte del Polaco

Uno de los momentos más fuertes del relato de Soledad estuvo relacionado con lo ocurrido inmediatamente después de la muerte del proteccionista.

La mujer contó que aquella noche tuvo un encontronazo con la hermana del Polaco y que le pidió que no se lo llevaran, porque, según relató, uno de los deseos que él había expresado era ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas en El Montecito de los Canichones.

Sin embargo, ese pedido no fue aceptado por la familia.

Para Soledad, esa situación forma parte de un dolor que todavía está demasiado reciente como para poder ser procesado. Pero también planteó una expectativa hacia el futuro.

Dijo tener la esperanza de que, cuando pase el duelo de la familia, puedan comprender una idea que para ella resulta central: el Polaco no pertenecía exclusivamente a su círculo familiar.

“El Polaco no es de nadie, es de todos”, es el concepto que atraviesa su planteo.

Según explicó, espera que con el tiempo sus familiares puedan dimensionar el lugar que el proteccionista ocupó en la sociedad y, especialmente, entre las personas que durante años compartieron con él el trabajo por los animales.

“No quiero que el Polaco se olvide”

Más allá de las diferencias que puedan existir en torno al refugio, Soledad fue contundente respecto de cuál considera que debería ser la prioridad. Que el Polaco no sea olvidado.

Para Castelli, el legado del Polaco va mucho más allá de la cantidad de animales que logró rescatar durante su vida.

También incluye una manera de entender la protección animal y una serie de proyectos que buscaban llevar esa tarea todavía más lejos.

Un hospital veterinario y educación animal en las escuelas

Entre los proyectos que quedaron pendientes aparece uno de los grandes sueños vinculados al trabajo del proteccionista: la creación de un hospital veterinario. Pero no era el único.

También estaba el objetivo de avanzar en educación animal en las escuelas, con la intención de que el respeto, el cuidado y la responsabilidad hacia los animales puedan trabajarse desde las aulas.

Para Soledad, mantener vivos esos proyectos también significa mantener vivo el legado del Polaco.

No se trata únicamente de sostener un refugio, sino de continuar una idea que él intentó instalar durante años: que la protección animal requiere compromiso, educación y una comunidad involucrada.

¿Hay una interna en El Montecito?

Ante las versiones que comenzaron a circular en redes sociales sobre una supuesta disputa entre la comisión directiva y los amigos del Polaco, tanto Castelli como Cabral buscaron diferenciar los roles.

Soledad aclaró que no integra la comisión directiva y que no está interesada en ocupar un lugar dentro de esa estructura, porque considera que las cuestiones legales y administrativas deben estar en manos de personas capacitadas para esa tarea.

Martín Cabral, en tanto, explicó que su participación está vinculada con la parte operativa.

“La caja” y la administración de los fondos, remarcaron, quedarán bajo responsabilidad de la comisión directiva.

Ellos, en cambio, se ocuparán de cuestiones concretas del funcionamiento diario del refugio.

“Yo no soy el Polaco”

Cabral también fue categórico al marcar un límite que parece importante en esta nueva etapa.

“Yo no soy el Polaco. Nadie va a ser el Polaco”, sostuvo.

Su tarea, explicó, es colaborar durante los primeros días para que el refugio pueda reorganizarse y garantizar que los animales mantengan las condiciones de vida que tenían mientras el proteccionista estaba al frente.

Controlar el alimento, las pipetas, la leña, hablar con los trabajadores y recorrer diariamente el lugar son algunas de las tareas que actualmente forman parte de ese trabajo operativo.

La intención es atravesar una primera etapa de aproximadamente 15 o 20 días y, una vez que la situación esté más ordenada, volver progresivamente a la actividad de rescate.

Por ahora, no habrá nuevos rescates

Una de las decisiones que explicaron durante la entrevista es que por el momento se priorizará a los animales que ya están dentro del Montecito.

El objetivo inmediato es sostener la calidad de vida de los perros y reorganizar el funcionamiento del refugio antes de asumir nuevos rescates.

A futuro, además, se prevé habilitar adopciones responsables y con seguimiento, especialmente de aquellos animales que estén en condiciones de incorporarse a una familia.

La estrategia permitiría reducir paulatinamente la cantidad de animales alojados y, cuando las condiciones estén dadas, volver a rescatar.

“No se trata de reemplazarlo”

La idea que repitieron durante la entrevista es que nadie pretende ocupar el lugar que dejó el Polaco.

Cabral contó que durante años trabajó junto a él y destacó especialmente el rol silencioso que cumplió Soledad en numerosos rescates.

El objetivo, en definitiva, es que la muerte de quien convirtió a El Montecito en una referencia de la protección animal no signifique el final de su obra.

El desafío que queda por delante

El Montecito atraviesa así una etapa de transición marcada por el duelo, la reorganización y las dudas sobre su futuro.

De un lado, una comisión directiva que deberá afrontar las responsabilidades legales y administrativas. Del otro, un grupo de amigos y colaboradores que durante años acompañaron al Polaco y que ahora intenta garantizar que el funcionamiento cotidiano no se detenga.

En el medio quedan cientos de animales, una estructura que necesita recursos y organización y una sociedad que siguió durante años la historia del refugio.

Pero para Soledad hay una cuestión que está por encima de cualquier discusión.

Que el nombre del Polaco no se apague con su muerte.

Que sus rescates continúen. Que sus proyectos no queden archivados. Que algún día pueda existir ese hospital veterinario que soñaba. Que la educación animal llegue a las escuelas.

Y, sobre todo, que quienes lo conocieron puedan entender que su historia trascendió a su familia y a su círculo más cercano.

Porque, como planteó Soledad, “el Polaco no es de nadie: es de todos”.

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