Desigualdad de género tras las rejas: “Mientras a los hombres presos van a verlos todos, las mujeres quedan solas”
Malena Bustos habló sobre el caso de una mujer condenada por un homicidio ocurrido en un contexto de violencia de género y expuso una desigualdad que observa a diario: mientras los hombres detenidos suelen recibir visitas y apoyo familiar, muchas mujeres atraviesan el encierro prácticamente solas.

La libertad de una mujer de 35 años, condenada a 4 años y 6 meses por un homicidio cometido en un contexto de violencia de género, abrió también una discusión sobre las distintas realidades que atraviesan hombres y mujeres dentro del sistema penal.
La abogada penalista Malena Bustos contó el caso durante una entrevista con Leo y Luana, en La Mañana de Info, y puso especial énfasis en una situación que, según explicó, observa de manera reiterada en su trabajo: la soledad de las mujeres privadas de la libertad.
“Cuando voy al penal de mujeres, está vacío, no hay nadie”, afirmó Bustos al comparar las visitas que reciben las mujeres detenidas con las que observa en los establecimientos donde se encuentran alojados hombres.
La diferencia entre presos y presas
La abogada explicó que, cuando visita lugares donde están detenidos hombres, suele encontrar largas filas de familiares esperando para ingresar.
“Vemos largas colas de hombres, hombres o mujeres visitándolos. En general, mujeres: sus primas, sus hermanas, sus novias, sus parejas, siempre visitando al hombre con las cosas, con las bolsas, llevando la mercadería”, relató.
La situación que observa en el penal de mujeres, según su experiencia, es muy diferente.
Bustos contó que algunas de las mujeres detenidas le dicen que pasan meses sin recibir visitas de sus familiares. “Cuando voy a visitar a las chicas, me comentan: ‘Yo no tengo visitas de nadie de mi familia hace meses’”, relató.
Para la penalista, esta diferencia no puede analizarse solamente desde lo penitenciario, sino también desde las responsabilidades familiares y económicas que recaen sobre las mujeres.
Muchas de las detenidas tienen hijos menores de edad y, cuando ellas quedan privadas de la libertad, suelen ser otras mujeres de la familia quienes quedan a cargo de los niños. Eso implica menos tiempo y menos recursos disponibles para visitar a la familiar detenida.
“Cuando la víctima pasa a ser imputada, cambia totalmente la cosa”
La reflexión surgió a partir del caso que llevó adelante Bustos, en el que logró que una mujer recuperara su libertad condicional después de una condena por homicidio.
Según explicó, la mujer había sido víctima de violencia durante gran parte de su vida. El hombre asesinado era su tío materno y, de acuerdo con lo reconstruido por la defensa, había sido también su agresor desde que ella era niña.
La defensa planteó durante el juicio que el hecho había ocurrido en un contexto de violencia de género y que correspondía analizarlo como legítima defensa.
El tribunal reconoció la existencia de ese contexto, aunque consideró que hubo un exceso en la legítima defensa y condenó a la mujer a 4 años y 6 meses de prisión. Actualmente, recuperó la libertad condicional.
Bustos cuestionó esa parte de la resolución, aunque destacó que se haya incorporado la perspectiva de género al análisis judicial.
“Cuando la víctima, esa víctima de violencia de género, ahora es imputada y el Estado la tiene que juzgar, ahí cambia totalmente la cosa”, sostuvo.
Una nueva vida después de la cárcel
Ahora, la mujer enfrenta una nueva etapa fuera de prisión. Bustos contó que una de sus principales preocupaciones es regresar a la vida cotidiana en una localidad donde su historia es conocida.
“Male, tengo miedo de salir a comprar, que la gente me mire”, le habría manifestado su defendida, según relató la abogada.
La penalista también cuestionó las miradas sociales que suelen aparecer después de casos de violencia extrema, especialmente cuando se pregunta por qué una mujer no denunció antes o por qué permaneció cerca de su agresor.
“Como si fuera tan fácil”, remarcó durante la entrevista.
Para Bustos, justamente uno de los aspectos que permitió avanzar en este caso fue comprender que una víctima puede no denunciar, que puede permanecer en un vínculo violento y que los tiempos de las víctimas no siempre coinciden con los tiempos que la sociedad espera de ellas.
Mientras analiza la posibilidad de continuar el planteo judicial en una segunda instancia, la mujer ya comenzó el desafío de reconstruir su vida en libertad, después de haber atravesado una historia de violencia, una condena y el aislamiento del sistema penitenciario.




