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Día de la Salud Mental: cómo reconocer cuándo el malestar emocional necesita atención profesional

En el marco del 10 de octubre, la licenciada Gabriela Argibay explicó cómo diferenciar las reacciones emocionales esperables de aquellas que pueden requerir atención profesional. También advirtió sobre el sufrimiento que muchas personas esconden detrás de una vida aparentemente normal y llamó a dejar de lado los prejuicios.

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Por Melissa Ramírez
Hace 1 hora · 5 min de lectura
Día Mundial de la salud mental
FotoDía Mundial de la salud mental

Cada 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que invita a reflexionar sobre el bienestar emocional, la importancia de acceder a la atención profesional y la necesidad de derribar los prejuicios que todavía rodean a los padecimientos psíquicos. Hablar de salud mental también implica comprender que sentir tristeza, miedo o ansiedad forma parte de la experiencia humana, aunque existen situaciones en las que el malestar puede superar los recursos personales para afrontarlo.

En diálogo con Info del Estero, la licenciada Gabriela Argibay planteó que no toda reacción emocional constituye un trastorno mental. La clave está en observar la intensidad, la duración y las consecuencias que ese sufrimiento tiene en la vida cotidiana. Desde esa perspectiva, reconocer las señales de alarma y poder hablar de lo que nos pasa sin temor a ser juzgados son pasos importantes para buscar ayuda.

Salud mental: cuándo una emoción puede convertirse en una señal de alarma

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Atravesar un momento difícil no significa necesariamente tener un trastorno de salud mental. Argibay explicó que las emociones deben comprenderse en relación con las situaciones que las provocan. Por ejemplo, sentir una profunda tristeza después de perder una mascota puede ser parte de un proceso de duelo esperable.

Sin embargo, cuando el malestar se vuelve desproporcionado, persiste en el tiempo o aparece sin un desencadenante claro, es importante prestar atención, especialmente si comienza a interferir en las actividades habituales. Las dificultades para trabajar o estudiar, los cambios marcados en el sueño o la alimentación, el llanto frecuente y la falta de energía para realizar tareas básicas son algunas de las manifestaciones que merecen ser evaluadas.

La especialista también diferenció la ansiedad que puede aparecer ante una situación nueva o una instancia de evaluación de aquella que llega a bloquear a una persona. Sentir nervios antes de un examen es habitual; en cambio, anticipar de manera constante que algo terrible va a suceder, experimentar una respuesta física intensa y no poder desenvolverse pese a haberse preparado puede indicar un problema que requiere atención profesional.

No se trata de establecer un diagnóstico a partir de una señal aislada, sino de comprender qué está atravesando cada persona y cuánto afecta su bienestar. Ante un malestar persistente o que limita la vida cotidiana, consultar con un profesional de salud mental permite evaluar lo que sucede y determinar qué acompañamiento necesita.

El sufrimiento emocional que muchas personas esconden

Uno de los aspectos que destacó Argibay es que el padecimiento psíquico no siempre resulta visible para quienes rodean a una persona. Hay quienes continúan trabajando, cumplen con responsabilidades exigentes, estudian y mantienen sus vínculos mientras atraviesan un profundo malestar emocional.

La especialista señaló que algunas personas aprenden a disimular lo que sienten y sostienen una apariencia de normalidad, aunque internamente experimenten pensamientos repetitivos e involuntarios que les generan angustia, dificultades para dormir y un importante desgaste emocional.

En ocasiones, el silencio está relacionado con la vergüenza, el temor a ser juzgados o la preocupación de que los demás los consideren incapaces de controlar lo que piensan. Por eso, una persona puede pasar mucho tiempo sin contar lo que le sucede, incluso a sus seres queridos.

En ese contexto, hablar de salud mental implica generar espacios de confianza en los que sea posible expresar el sufrimiento sin recibir burlas, descalificaciones ni respuestas simplistas. Escuchar, preguntar cómo está alguien y ofrecer acompañamiento sin minimizar sus emociones puede ayudar a que encuentre un espacio para pedir ayuda.

Un diagnóstico no define a una persona

Otro de los puntos centrales del planteo de Argibay es la necesidad de evitar que los diagnósticos se conviertan en etiquetas permanentes. La licenciada explicó que, en salud mental, las hipótesis diagnósticas buscan comprender el estado actual de una persona y orientar el tratamiento, pero pueden modificarse a medida que evoluciona el cuadro.

Licenciada Gabriela Argibay

Haber atravesado un episodio depresivo, por ejemplo, no significa que alguien deba ser definido para siempre como una persona depresiva. Reducir a alguien a un diagnóstico desconoce su historia, sus capacidades y las posibilidades de recuperación.

Las categorías clínicas permiten que los profesionales compartan criterios, comprendan mejor las manifestaciones de un padecimiento y planifiquen tratamientos adecuados. Sin embargo, pierden su sentido cuando se utilizan como insultos o para desacreditar a alguien.

Esta distinción es importante en una sociedad en la que todavía persisten prejuicios sobre los trastornos mentales. Una mirada respetuosa requiere comprender que detrás de cada diagnóstico hay una persona con una historia particular, necesidades propias y posibilidades de mejorar.

La salud mental también es una responsabilidad colectiva

Para Argibay, el bienestar emocional no puede pensarse exclusivamente como una cuestión individual. Aunque el sufrimiento es una experiencia personal, las condiciones en las que viven las personas y los vínculos que construyen también influyen en su salud mental.

La convivencia, el acompañamiento, la posibilidad de expresar las emociones y la respuesta de la comunidad frente a quien atraviesa una situación difícil forman parte de ese contexto. Por eso, la especialista planteó que la sociedad tiene la responsabilidad de comprender las nuevas formas de padecimiento y responder con empatía y respeto.

En el Día Mundial de la Salud Mental, el desafío debe centrarse en superar los mensajes que reducen el bienestar emocional a una cuestión de voluntad individual. No siempre alcanza con decirle a alguien que debe poner de su parte o mirar el lado positivo de las cosas. En ocasiones, necesita ser escuchado, contar con una red de apoyo y acceder a atención profesional.

Por último, se debe tener en claro que hablar de salud mental es reconocer que el sufrimiento no siempre se ve, que pedir ayuda no debería generar vergüenza y que ningún diagnóstico resume la identidad de una persona, remarcando que construir una comunidad más comprensiva es una tarea compartida.

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