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Opinión

A 81 años del 17 de octubre, uno de los días que cambió la historia

Por José Vezzosi para Info del Estero

RI
Por Redacción Info del Estero
Hace 1 hora · 5 min de lectura
Foto archivo.
FotoFoto archivo.

Existe un consenso mayoritario en las ciencias sociales argentinas en que el 17 de octubre de 1945 es una fecha parteaguas en la historia nacional. No es la única, claro; podemos pensar en otras: el 28 de julio de 1890 (Revolución del Parque), el 15 de junio de 1918 (Reforma Universitaria), el Cordobazo (29 de mayo de 1969) y, por qué no, el 19 y 20 de diciembre de 2001. Todas manifestaciones populares que, con distintos niveles de organización, generaron profundas transformaciones en el régimen político vigente. Es decir en las definiciones de quiénes gobernan y -sobre todo- para quienes gobernaban.

Sin embargo, el 17/10 se destaca por al menos dos cuestiones: la intensidad de su carácter plebeyo y la escenificación pública —nada menos que en el centro político de la nación, la Plaza de Mayo— de una fractura social que la clase dirigente tradicional se negaba a ver. Las y los trabajadores provincianos llegados al conurbano para ser mano de obra de las fábricas, junto con los hijos de los inmigrantes del XIX que habían organizado el movimiento obrero durante las primeras décadas del XX, marcharon por la libertad del coronel Perón, preso por presión de los partidos políticos que se oponía al gobierno militar de entonces.

Su figura (y su libertad), representaba para las y los trabajadores la defensa de los derechos laborales conquistados. Pero en esa demanda, la libertad de Perón se expresaba otra, mucho más profunda y significativa para la historia y la democracia argentina. Cuando los “cabecitas negras” pusieron en remojo sus pies cansados en el agua de la fuente de la Plaza de Mayo, una Argentina negada, invisibilizada y ocultada se mostró, y desde entonces ya nunca pudo ser escondida bajo la alfombra de la historia. “Aluvión zoológico” le llamaría algunos meses después a aquella identidad política naciente el diputado radical Ernesto Sammartino, animalizando la ética y estética política que asumían entonces las mayorías populares argentinas. Costaría largas décadas comprender que una Argentina sin su pueblo, de espaldas a los trabajadores, era un país imposible.

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Pero ¿qué pasó en Santiago? “Ha tenido repercusión en nuestra ciudad el movimiento obrero a favor del coronel Perón”, titulaba el diario El Liberal el día 18 de octubre de 1945 una nota que hacía referencia a los actos y movilizaciones que tuvieron lugar en Santiago, relacionados con el 17 de octubre. Es que por entonces El Liberal —cuya posición era explícitamente antiperonista— tenía una edición diaria vespertina, por lo que el día 17 no llegó a publicar nada. Recordemos que, si bien las primeras movilizaciones desde las fábricas del conurbano hacia Plaza de Mayo se dieron desde la madrugada del 17, la mayor afluencia de manifestantes llegó en horas de la tarde, cuando la impresión del diario ya estaba en marcha. La crónica pone su expectativa en informar si habría paros o no, y en qué ramas. Pero también deja en claro que el día 17 la provincia estuvo paralizada y que se siguió de cerca -por radio- todo lo que ocurría en Buenos Aires. El 18, gremios estatales vinculados a la obra pública y a los servicios —Obreros de la Defensa del Río Dulce, de la Administración Nacional del Agua, Taller de Reparaciones de la Provincia, entre otros— salieron a las calles de la ciudad a manifestarse profiriendo vivas al ex vicepresidente de la Nación, deteniéndose en varios puntos de la ciudad para emitir encendidos discursos. Llegados a la casa de gobierno, requirieron las palabras del gobernador interventor Saá, un radical mendocino designado al frente del Ejecutivo provincial el mes anterior.

Carlos Alberto Saá aceptó el requerimiento de los trabajadores y emitió un discurso en el que destacó el orden y la calma de la manifestación. Agregó además que, en la hora trascendental que estaba viviendo la patria, correspondía, como había aconsejado Perón, olvidar odios y pasiones. Recordó que su misión, tal como prometió al llegar a la provincia, era la de cumplimentar los comicios más limpios de los que se tuviera memoria, y finalizó diciendo: “Inspirándonos en el pabellón azul y blanco que encabeza esta manifestación, podremos olvidar rencores para que sólo pensando en ella y alzando los corazones, realicemos los argentinos nuestras más caras esperanzas, que son la realización de una mayor justicia social, en la que los trabajadores no necesiten desplegar la violencia para conseguir las justas mejoras” (EL, 20-10-46).

Desde ese día, las fuerzas políticas provinciales comenzaron a prepararse para las elecciones. Para la mayoría de la clase política los trabajadores siguieron siendo invisibles. Por ello, el triunfo electoral del Partido Laborista en las elecciones del 24 de febrero de 1946 los sorprendió profundamente. Recién entonces el diario El Liberal (cuyos propietarios eran partidarios del radicalismo enrolado en la Unión Democrática) reconoció la legitimidad de aquella realidad social emergente que buscaba su lugar en la historia y la política argentina. En marzo de 1946 reconocería “un cambio en la conciencia del pueblo”, “una avalancha social nacida del desengaño” que los políticos y viejos partidos de la Unión Democrática “han querido vencer con chirimbolos de vieja usanza, hombres desmonetizados y consignas del año 1890”. Ese cambio de conciencia había tenido su manifestación más intensa el 17 de octubre.

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