Willy Yñiguez, el exjugador de Sarmiento que no pudo cumplir su sueño y hoy ayuda a otros niños a jugar al fútbol
Una lesión frenó su carrera cuando tenía apenas 16 años y la falta de recursos le impidió operarse. Lejos de alejarse de la pelota, encontró otra manera de seguir ligado al deporte: abrió una escuelita de fútbol gratuita para niños cuyas familias no pueden pagar.

La vida le cambió cuando recién comenzaba a cumplir su sueño. Willy Yñiguez jugaba al fútbol en Sarmiento y Agua y Energía, y con apenas 16 años ya había llegado a Primera. Sin embargo, una lesión muy fuerte interrumpió su carrera cuando todavía tenía mucho camino por recorrer. Hoy, con 30 años recién cumplidos, encontró una nueva manera de estar cerca de la pelota: ayudar a otros chicos a vivir la ilusión que él conoció desde pequeño.
Su historia está atravesada por el esfuerzo, las dificultades y una pasión que nunca desapareció. Después de aquella lesión, comenzó un largo proceso de rehabilitación que se extendió durante dos años. Pero había un obstáculo que parecía imposible de superar: no tenía dinero para afrontar la operación que necesitaba para intentar volver a jugar.
El sueño de convertirse en futbolista quedó trunco. La realidad lo obligó a cambiar de rumbo, aunque no a despedirse del deporte que tanto amaba.

De los campos de juego a una nueva oportunidad
Aunque ya no podía continuar su carrera como jugador, Willy decidió mantenerse ligado al fútbol. Con el tiempo, comenzó a desempeñarse como árbitro de fútbol amateur, una forma de seguir en contacto con ese mundo que había formado parte de su vida desde muy joven.
Pero su historia todavía tenía otro capítulo por escribir. Con el deseo de transmitir su experiencia y acercar el deporte a quienes más lo necesitan, decidió abrir una escuelita de fútbol para niños cuyas familias no cuentan con los recursos suficientes para pagar una cuota.
La iniciativa nació de una realidad que conoce de cerca: no todos los chicos tienen las mismas oportunidades para jugar, entrenar y perseguir sus sueños. Por eso, eligió no cobrarles.
Para Willy, la falta de dinero no debería ser un impedimento para que un niño pueda disfrutar de una pelota, aprender a jugar en equipo y encontrar en el fútbol un espacio de crecimiento.

Una escuelita para que otros chicos sí puedan soñar
Hoy, cada entrenamiento representa mucho más que una práctica deportiva. Es la posibilidad de que otros niños tengan una oportunidad que, en su momento, él también necesitó.
A sus 30 años, Willy no habla de su historia desde el resentimiento por aquello que no pudo conseguir. Por el contrario, encuentra felicidad en ver a otros chicos disfrutar del deporte que marcó su vida.
Con emoción, compartió su testimonio y dejó en claro qué significa para él esta nueva etapa: “Soy feliz de ver a otros niños felices haciendo este deporte hermoso”.
Su frase resume el sentido de una iniciativa que va más allá del fútbol. Allí donde alguna vez hubo una carrera interrumpida por una lesión y las limitaciones económicas, hoy hay una oportunidad para que otros chicos puedan empezar la suya.
Willy Yñiguez no pudo volver a jugar como soñaba. Sin embargo, encontró otra forma de permanecer dentro de la cancha: acompañando a quienes recién comienzan, enseñándoles a disfrutar de la pelota y demostrando que, aunque algunos sueños cambien de rumbo, la pasión puede abrir nuevos caminos.




