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Suyana, el lomito que convirtió a una localidad santiagueña en la meca del turismo gastronómico

¿Conocías este lugar? A minutos de la Capital, este espacio gastronómico se convirtió en paso obligado para santiagueños y turistas.

SG
Por Silvina Gómez
Hace 1 hora · 6 min de lectura
Carina Nazar, la creadora de Suyana.
FotoCarina Nazar, la creadora de Suyana.

"Eh, ¿ya has ido a Suyana?", "¿Conoces Suyana?", Eh, vamos a comer en Suyana… Más de un santiagueño ha escuchado estas palabras de un amigo o amiga, seguida de "Vilmer". Es que enclavada en esa localidad a menos de 15 kilómetros de la Capital se encuentra un tesoro gastronómico que ha impactado de lleno en la agenda turística de la provincia. ¡Y todo por un lomito! Bueno, eso fue lo que hizo conocido a este patio gastronómico porque en la actualidad la variedad de platos y la experiencia hacen que sea "mucho más que un lugar para comer".

Lo que comenzó hace 12 años como una apuesta por transformar uno de los clásicos de la gastronomía santiagueña terminó convirtiéndose en un emprendimiento que modificó el movimiento de una localidad. Detrás de Suyana está Carina Nazar, cocinera, emprendedora y creadora de un espacio que encontró en la innovación, la abundancia y las raíces locales una fórmula propia.

La propuesta nació con una idea sencilla, pero que rompía con lo conocido: llevar el tradicional lomito y la milanesa a otra escala. En una provincia donde estos platos forman parte del consumo cotidiano, Carina decidió dejar atrás el pan de 13 a 15 centímetros y apostar por uno de 80 centímetros. Así nació el popular lomito de metro, uno de los productos que comenzó a darle identidad a Suyana.

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El lomito de metro que cambió la forma de compartir la mesa

La innovación no quedó solamente en el tamaño. Carina también fue pionera en trasladar el concepto de la pizza a la superficie del pan. De esa búsqueda surgió el primer lomito gratinado al horno, con jamón cocido, queso, huevo rallado y morrones.

Con el tiempo, la propuesta se amplió hasta superar las 12 variedades gratinadas. La posibilidad de combinar hasta cuatro sabores diferentes en un mismo metro convirtió cada pedido en una experiencia para compartir. Entre las opciones aparecen la calabresa, bondiola, rúcula con jamón crudo y cheddar con panceta y verdeo.

A esa carta se sumaron las milanesas XL, servidas en bandejas pizzeras de 40 centímetros y con combinaciones que permiten elegir, por ejemplo, una mitad napolitana y otra de papas gratinadas.

La idea de comer a lo grande fue mucho más allá de las porciones. Para Carina, representa una manera de hacer las cosas, de animarse a innovar y de construir una identidad gastronómica desde el interior santiagueño.

Dos cocinas que conviven en un mismo lugar

Con los años, Suyana amplió su propuesta sin abandonar aquello que la hizo conocida. La búsqueda de nuevos sabores llevó a Carina y su equipo hacia los fuegos, el disco de arado, los braseados lentos y las carnes a la parrilla.

Hoy, el espacio reúne dos estilos gastronómicos: por un lado, la cocina urbana de los lomitos de metro y las milanesas XL; por otro, una propuesta de raíces santiagueñas que recupera sabores tradicionales y los lleva a la mesa.

En la parrilla se pueden encontrar cortes como tira de asado, bife de chorizo, vacío, entraña y matambre a la pizza. También hay sándwiches de vacío y entraña, lomo al verdeo, cuadril y otras alternativas.

La cocina tradicional, en tanto, tiene su propio protagonismo con empanadas artesanales, humitas, locro, fondue de zapallo, osobuco braseado y fondue de pasta. Son preparaciones que se disfrutan especialmente al mediodía y que forman parte de una identidad gastronómica que Carina busca mantener viva.

De un pueblo de paso a un destino gastronómico

Vilmer está a menos de 15 kilómetros de la Capital santiagueña. Durante mucho tiempo fue una localidad de paso, sin un atractivo turístico que convocara visitantes de manera sostenida. Sin embargo, la historia comenzó a cambiar con el crecimiento de Suyana.

El emprendimiento logró que personas de distintos puntos de Santiago del Estero y de otras provincias viajaran especialmente hasta allí para conocer su propuesta. Ya no se trata solamente de salir a comer: el recorrido hasta Vilmer forma parte de la experiencia.

Ese movimiento tiene una dimensión concreta. Actualmente, Suyana recibe entre 2.500 y 3.500 personas por semana, según los datos compartidos por su creadora.

Impacto en la mano de obra local

La convocatoria también se traduce en actividad económica para la localidad. El equipo de trabajo está integrado en su totalidad por personas de Vilmer, desde jóvenes que encuentran allí una primera oportunidad laboral hasta adultos con experiencia que desarrollan su actividad en el emprendimiento.

Carina destaca la importancia de generar empleo formal, ofrecer capacitación constante y construir un ambiente de trabajo basado en el respeto y la participación de cada integrante. La propuesta gastronómica, de esta manera, también se convirtió en una fuente de oportunidades para la comunidad.

Una experiencia que cruza fronteras

El alcance de Suyana no se limita a los visitantes de la provincia. A través de las redes sociales, el emprendimiento recibe mensajes de personas que viven en distintos puntos del país y del mundo y que expresan sus ganas de conocer el lugar.

Entre quienes ya llegaron hasta Vilmer hay visitantes de Suiza, Estados Unidos y México, entre otros países. Una circulación que muestra cómo una propuesta nacida en una localidad del interior puede despertar interés mucho más allá de sus fronteras.

Para Carina, cada visita y cada recomendación son parte de un crecimiento que también permite mostrar la identidad santiagueña a quienes llegan desde otros lugares.

Carina Nazar: cocina, música y una misma pasión

Hay algo más que distingue a Suyana y que tiene que ver directamente con su creadora. Para Carina, el emprendimiento no es solamente un restaurante ni un proyecto comercial: es el espacio donde puede reunir varias de sus pasiones.

Allí cocina, recibe a los visitantes, comparte el trabajo cotidiano con su equipo y también encuentra un momento para la música. Cuando la ocasión lo permite, deja por un rato la cocina, toma su guitarra y comparte canciones con quienes están en el lugar.

Esa combinación de gastronomía, música, charlas y encuentros forma parte de la experiencia que busca transmitir. No hay una separación estricta entre la emprendedora, la cocinera y la artista: todo convive en el mismo espacio.

Quizás allí esté una de las claves para entender por qué Suyana dejó de ser solamente el lugar al que se va a probar un lomito de metro. En Vilmer, a pocos minutos de la Capital, Carina Nazar construyó una propuesta que combina sabores conocidos, nuevas ideas, identidad local y un espacio para encontrarse.

Y aunque todo comenzó con un sándwich de 80 centímetros, hoy hay muchas más razones para hacer ese recorrido.

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