El “guiso del 1°”: la tradición solidaria de los hermanos Toloza que une a todo un barrio en La Banda

Lo que comenzó como una solución improvisada para el hambre del comilona del 31, se convirtió en un ritual sagrado. Cada primero de enero, el Pasaje Misiones abre sus puertas para compartir una olla gigante que alimenta a más de treinta personas entre vecinos, amigos y familia.

En el corazón del barrio, sobre el Pasaje Misiones al 1035, el aroma del sofrito anuncia que el año nuevo ha comenzado de verdad. Allí, los hermanos Toloza mantienen viva una tradición que nació de la necesidad y se transformó en un acto de amor colectivo: el gran guiso de fideos del 1 de enero.

Del asado frío a la olla humeante

Lorena, una de las impulsoras de este encuentro, recuerda con nostalgia y humor el origen de la movida. “Todo empezó cuando aceptamos comer solo asado el 31. Al otro día, no había ni un sándwich, nada para recalentar”, relata. Ante el hambre del primer día del año, el tío Nico tomó la iniciativa y preparó un guiso con lo que había a mano: fideos entrefinos y salchichas.

Desde aquel día, la receta se volvió un mandato. Aunque los ingredientes varían —a veces lleva carne, otras pollo, o una mezcla de ambos—, el protagonista es siempre el mismo: el fideo entrefino que el tío Nico bautizó como el “oficial” de la casa.

La olla locrera

Con el tiempo, la voz se corrió entre los amigos y el pasaje se volvió un punto de reunión. La dinámica es puramente colaborativa: cada uno llega con lo que tiene en su alacena. Uno aporta tomates, otro cebolla, pimiento o puré de tomate. “Cuando falta algo, salimos a buscar por los barrios para que nos vendan”, explica Lorena, demostrando que para los Toloza no hay obstáculos cuando se trata de compartir la mesa.

El ritual se cocina en una imponente olla locrera con capacidad para 70 platos. Lorena calcula siempre hacer más de la mitad de la olla, porque sabe que en esta mesa la “repetición” es obligatoria.

Cerca de las 22:30, el Pasaje Misiones —ubicado entre San Juan y República del Líbano— se transforma. Los vecinos llegan con sus propios platos y vasos; se arman tablones en la calle y se comparten el pan, el limón, el queso y la bebida que cada uno pudo acercar.

“Así se junta la familia, los vecinos y los amigos”, dice Lorena con orgullo. Lo que empezó como un guiso de emergencia es hoy el símbolo de una comunidad que entiende que el año nuevo no se trata solo de grandes festejos, sino de no dejar a nadie con el plato vacío. En la casa de los Toloza, el 1 de enero se celebra con el fuego encendido y el corazón abierto.

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