Esta modificación había sido anunciada por el Gobierno nacional en septiembre de 2025, pero se decidió implementarla en enero de 2026 para facilitar la comparación intermensual (aunque la interanual también será posible, ya que no se producirá un corte de las series históricas).
Esto significa que los datos que el Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos) el próximo 13 de enero, todavía responderán al método anterior, ya que se trata de la inflación de diciembre de 2025.
Recién en febrero, cuando se revele el IPC (Índice de Precios al Consumidor) de enero, se podrá verificar si, como aseguran desde el Ejecutivo, no se producen modificaciones sustanciales en el índice por el ajuste de la medición.
- El nuevo IPC se basa en la Encuesta de Ingreso y Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017–2018, reemplazando la referencia que estaba en uso desde principios de la década de 2000.
- Se adoptan estándares internacionales de clasificación (COICOP 2018), con 13 divisiones de consumo, frente a las 12 previas.
- La canasta de bienes y servicios se amplía y repondera para reflejar hábitos de consumo más actuales: servicios y bienes diversos ganan peso; alimentos y bebidas pierden participación relativa; transporte y comunicación aumentan su incidencia en la medición.
- El volumen de datos relevados crece significativamente -de unos 320.000 a unos 500.000 precios mensuales, con alrededor de 24.000 informantes- y la recolección pasa a ser mayoritariamente digital.
Este rediseño busca que la inflación publicada sea más coherente con los patrones reales de gasto y más comparable con otros países, algo que técnicamente mejora la calidad del dato, pero que también reabre el debate sobre la interpretabilidad de las series históricas.
Sin embargo, sectores críticos advierten que algunos ajustes -como la falta de aplicación retroactiva en ciertos casos o cambios de ponderaciones- pueden complicar la comparabilidad histórica y suavizar ciertos efectos, como los de la inflación o la pobreza, en momentos de tensión económica.
La línea de pobreza y de indigenciaa también se revisan. Las canastas básicas que definen esos umbrales se actualizarán con la ENGHo moderna, lo que modifica el ingreso mínimo para cubrir necesidades alimentarias y no alimentarias.
Esta modificación puede alterar las tasas de pobreza y desigualdad reportadas, aunque las autoridades sostienen que responde a una metodología más sólida y
La Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que mide empleo, ingresos y condiciones de vida, está siendo evaluada para aumentar su periodicidad y cobertura, lo que podría mejorar la lectura sobre el mercado de trabajo.
También se discuten ajustes en la forma de medir salarios y algunos indicadores sociales, aunque con menor precisión en cuanto a fechas de implementación.
Estas modificaciones no solo son técnicas: impactan en negociaciones salariales, actualización de contratos, ajustes de tarifas y políticas públicas, porque muchos de esos acuerdos se indexan con base en los datos que ahora se calculan con nuevas reglas.
