Ni siquiera los años de experiencia interpretando a personajes cínicos y expertos en el engaño, como el recordado Sergio Antín de El Marginal, pudieron proteger a Gerardo Romano de la sofisticación de las estafas virtuales. El actor relató en las últimas horas el calvario que vivió en la ciudad balnearia, donde protagoniza la obra El Secreto, al ser blanco de un violento intento de extorsión telefónica.
Todo comenzó con una llamada que el actor calificó como “perfecta”. Un hombre, que se identificó como oficial de policía, le informó que su hija Rita (21), quien reside en Uruguay, estaba detenida en una comisaría de Montevideo. Según el relato del estafador, la joven había sido víctima de un asalto violento en el que uno de los delincuentes había terminado muerto de un disparo.
La trampa psicológica
Romano confesó estar impresionado por la verosimilitud del engaño. “Estuve más de 25 minutos hablando con un supuesto policía. Lo hizo perfecto”, detalló al medio 0223. La presión aumentó cuando los delincuentes pusieron al teléfono a una mujer que, entre sollozos y con voz entrecortada, se hizo pasar por su hija.
Bajo un estado de shock, Romano comenzó a movilizarse para reunir los 55 mil dólares que le exigían como supuesta “fianza” para evitar que su hija quedara imputada y presa durante 40 días. El actor llegó a contactar a un abogado penalista, se comunicó con su banco y le avisó a la madre de la joven, la bailarina Romina Krasinskiy, que debía suspender la función de esa noche para viajar de urgencia a Uruguay.
Afortunadamente, el plan de los estafadores se desmoronó antes de que se concretara el pago. Fue la madre de Rita quien logró comunicarse directamente con la joven, quien en ese momento se encontraba disfrutando de una tarde de playa con una amiga, totalmente ajena al drama que su padre vivía en Argentina.
“Pasé de tener una hija presa, golpeada e imputada, a enterarme de que era todo mentira”, reflexionó Romano con alivio. A pesar del impacto emocional, el actor decidió no suspender la función teatral, aunque admitió que la experiencia lo dejó profundamente conmovido por la vulnerabilidad que sintió.

Una advertencia sobre los nuevos engaños
El caso de Romano pone de manifiesto que nadie está exento de caer en estas redes de manipulación. Los delincuentes utilizan guiones cada vez más precisos —en este caso, incluso calcando escenas de la propia ficción de Romano— para anular la capacidad de razonamiento de las víctimas mediante el terror.
Tras el mal trago, el actor cerró su temporada en “La Feliz” con una mezcla de incredulidad y aprendizaje, advirtiendo sobre la necesidad de verificar siempre la información antes de tomar medidas desesperadas.
