No todos los héroes llevan capa: el emocionante rescate de dos perritos que se llevaba el río en Rubia Moreno

En medio del caos por la crecida del Río Dulce, donde el agua no da tregua y el miedo acecha, un grupo de guardavidas santiagueños protagonizó una hazaña que conmovió a todos: arriesgaron sus vidas para salvar a dos hermanos de cuatro patas que aullaban desesperados ante el avance de la corriente.

La emergencia no solo entiende de números y niveles de diques; entiende de vida. Mientras el personal policial trabajaba contrarreloj evacuando familias en la zona de Rubia Moreno, un sonido desgarrador rompió la tensión del operativo: eran aullidos. En un brazo del río, atrapados por la correntada y el barro, dos perritos luchaban por no ser arrastrados.

Sin dudarlo, los efectivos policiales dieron aviso al equipo de guardavidas. “Nos informaron que estaban atrapados, la corriente estaba muy fuerte en ese brazo del río. La situación era realmente complicada”, relataron los protagonistas.

Una batalla contra la corriente

Mientras parte del equipo trabajaba en las contenciones del Parque Aguirre, un grupo de élite se desvió hacia la zona crítica. No había tiempo que perder. El terreno era una trampa de barro y agua, pero para Emma Santillán, Máximo Butarelli, Enarela Campini y Lucía Rodríguez, la misión estaba clara: nadie se queda atrás.

Con el agua golpeando con fuerza, los rescatistas avanzaron paso a paso. La escena era dramática: los animales, pertenecientes a una de las familias que estaba siendo evacuada, veían cómo el río “bravo” se les venía encima.

El reencuentro que valió el riesgo

Finalmente, los “changos” del rescate lograron alcanzarlos. Con los perritos a salvo en brazos, el miedo se transformó en alivio. Fue una muestra de humanidad pura en medio de la crisis hídrica más dura de los últimos tiempos.

“Fue un rescate complicado por la geografía del lugar, pero no podíamos dejarlos ahí”, explicaron desde el equipo. Los nombres de Emma, Máximo, Enarela y Lucía hoy resuenan en las redes sociales no solo como profesionales, sino como esos héroes de carne y hueso que, entre el barro y el frío, nos recordaron que cada vida cuenta.

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