El adiós al gigante de la autopista: tras décadas abasteciendo a miles de familias, el Hiper Libertad se despide de La Banda

Por Lourdes Suárez Torres

No van a cerrar sus puertas, la gente podrá seguir comprando, pero el nombre gigante ya no se verá desde la autopista. “El hiper” (o “el-liper”, como algunos aún lo llaman) dejará de existir, y con él se irán miles de historias: de clientes, de trabajadores que pasaron por ahí, de experiencias vividas en sus pasillos, en las afueras, en los cines y en el tradicional patio de comidas.

Disculpen el tono nostálgico de la nota, pero es que el cierre de Libertad me resulta hasta simbólico en estos tiempos, donde se utiliza la palabra en exceso y hasta para justificar actos injustificables. No estamos hablando solo de un supermercado, sino del fin de una era.

Esa era en la que una vez al mes teníamos la gran salida familiar: ir a hacer las compras al Hiper. Con mis hermanos nos preparábamos como si fuese una cita. Hoy en día, la ida al súper pasó a ser cotidiana, en parte porque la compra mensual ya no alcanza para el día a día, y también porque, quizás, la magia de mi mirada de niña hace que recuerde con más cariño aquellos años acompañando a mis viejos, sentada en el carrito, paseando por esa inmensidad.

Quedarnos a comer en el patio de comidas era señal de que había sido un buen mes laboral para la familia. Recuerdo la fila de la cocina y el aroma de las “papas redonditas” que tanto me gustaban (y hoy no). Rogar para que me dejaran ir al pelotero, que fue uno de los más grandes que conocí… hasta que llegó el Cruci y monopolizó las estructuras para infancias. ¡Pero en buena hora! Porque otra de las cosas que no me voy a olvidar nunca fue ese tajo en el pie cuando pisé un resorte en la cama elástica, en ese mismo lugar.

Le debo mucho al Hiper Libertad. Ahí aprendí a jugar al pool, probé las papas noisette, me corté el pie (sí, ya lo conté), y me acompañó en cada etapa de mi vida. Pasé de descubrir mil marcas de toallitas y tampones a comprar pañales para mis hijos. Aprendí sobre productos de limpieza que realmente son aliados para todo adulto. Y no me voy a olvidar jamás la alegría de esa mañana en la que me llamaron para decirme que había ganado una orden de compras por completar encuestas.

En épocas de estafas y gente mala leche, me costó creer al principio. El chico del call center no sabrá nunca que ese carrito de $50.000 en 2024 fue una ayuda enorme para mí en ese momento. Aunque para ellos haya sido solo uno más de esos manotazos estratégicos de marketing, tratando de evitar lo inevitable y salvar lo que quedaba.

Bueno, ¿ven? Como toda bandeña, tengo miles de historias en ese supermercado. Seguro no soy la única a la que le dolió la noticia, a pesar de que, como dije, las puertas seguirán abiertas y un nuevo color y tipografía coparán la identidad visual del lugar.

Te vamos a extrañar, Hipermercado Libertad… aunque nos hayas decepcionado estos últimos veranos cuando apagaron el aire acondicionado a la siesta en Santiago del Estero. Lo entiendo: últimamente a todos nos cuesta pagar la boleta de la luz.

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