“Los síntomas dependen de la extensión de la descarga, de cuánto del cerebro comprometa y en qué lugar esté”, explica la neuróloga Dra. Constanza Salera sobre las crisis epilépticas. Pues, aunque el ejemplo más representativo de ellas es la persona que convulsiona, hay otras señales que pueden pasar inadvertidas.
El 26 de marzo está marcado en el calendario médico como el Día Internacional de la Epilepsia, una enfermedad padecida por 4 de cada 10 habitantes del mundo y que constituye una de las patologías neurológicas más comunes. Info del Estero consultó con la especialista mencionada acerca de los síntomas que permiten a los médicos sospechar de la existencia de epilepsia y mencionó los movimientos involuntarios, las alucinaciones visuales y los déjá vu que, a veces pasan inadvertidos, pero que pueden convertirse en síntomas, cuando siguen patrones específicos.
Pero antes de eso, señala que el concepto de epilepsia “es solamente la predisposición a tener crisis convulsivas”. “Si una persona ha tenido más de una crisis convulsiva espontánea, con eso basta para hacer el diagnóstico de epilepsia, independientemente de la causa que tenga”, explicó.

La enfermedad puede desencadenarse por causas múltiples que se encuadran en metabólicas, estructurales y genéticas y se considera que “hay dos picos de frecuencia”: uno en los niños y otro después de los 50 años.
“En los niños recién nacidos están las causas que son más bien metabólicas y sobre todo, la falta de investigación de problemas durante el embarazo y del parto”, según detalló neuróloga. Así, “los chicos que nacen con hipoxia pueden tener una parálisis cerebral por lesiones que se llaman isquémicas” y que pueden generar convulsiones.
Por otro lado, planteó que hay familias con predisposición a la epilepsia “a causa de un gen”. Pero, existen casos en los que no se logra detectar la causa, pese a los estudios. “Uno le hace una resonancia del cerebro al paciente y no hay ninguna lesión; hacemos los estudios metabólicos y no hay ningún problema”, detalló y sostuvo que en ese caso el diagnóstico es “clínico”.

A su vez, las convulsiones pueden presentarse a grandes rasgos con “crisis generalizadas”, “que es la convulsión que uno se imagina: una persona que cae en la calle, que mueve todo el cuerpo y está inconsciente por unos minutos”. Un segundo grupo lo constituyen las “crisis focales” que son más frecuentes y que, para comprenderlas mejor es necesario entender cómo ocurre una convulsión.
Salera recuerda que se trata de “la expresión de una descarga anormal de las neuronas en un tiempo limitado, que se genera espontáneamente y termina espontáneamente”. “Nuestras neuronas siempre se comunican a través de electricidad. O sea, por medio de una descarga eléctrica nosotros nos movemos, pensamos, etcétera, todo voluntariamente y en un nivel normal”, describió.
“En algunas personas, sea por una lesión o por una predisposición, se genera una descarga fuerte -por decirlo de alguna forma- y espontáneamente. Esa descarga va a estimular en forma anormal todo el cerebro y va a generar una crisis convulsiva generalizada o va que quedar localizada en una parte del cerebro, que dependiendo de la función que cumpla va a tener una manifestación clínica”.
“Por ejemplo-continuó- si esta descarga se genera en el área motora, va a haber un movimiento del brazo, la pierna o la mitad del cuerpo. Si esta descarga está en el óvulo occipital, que tiene que ver con toda la parte visual, va a haber alucinaciones visuales, que en general son simples, como ver lucecitas o colores. Si la descarga ocurre en el lóbulo temporal, que es donde está lo que se llama el sistema límbico, que tiene que ver con toda la parte de los órganos internos y las emociones, va a haber, por ejemplo, un déjà vu. Puede ser una crisis convulsiva chiquita, una sensación en la panza, como náuseas o como desagradable”, enumeró sobre las llamadas “crisis focales”.

De este modo, “los síntomas dependen de la extensión de la descarga y cuánto del cerebro comprometa y en qué lugar esté”. “Si un paciente relata que le ha pasado tal cosa, que ha empezado de la nada, sin ningún estímulo y ha durado menos de cinco minutos – por lo general son dos o tres-. Y ha tenido una manifestación que uno puede interpretar que se origina en una parte del cerebro y que ese síntoma le ha pasado tantas veces, no importa, si ha sido el mismo día, después de un mes, después de tres meses… si le ha pasado más de dos veces y es igual y no ha habido nada que lo provoque, ahí hay una alta sospecha de que se debe una descarga eléctrica”, precisó sobre el seguimiento y diagnóstico.
Cuándo un déjà vu debe motivar a la consulta
La Dra. Salera explicó que el déjà vu “es un síntoma bien descrito en la epilepsia”. “Obviamente que todos podemos tener alguna vez un déjà vu y no vamos a pensar que tenemos una crisis –aclaró-. Pero el déjà vu puede evolucionar a veces a otra sensación o generar un momento confusional después, porque la descarga puede empezar en un lugar y comprometer un poquito más, dependiendo cómo haga ese ‘caminito’ la descarga, van a ser los síntomas”.
En ese sentido, consideró que el neurólogo puede diferenciar una situación normal de una que no lo es. Ante esto, “lo primero que se hace es pedir los estudios para descartar una causa, como un tumor o algún problema estructural del cerebro y un electroencefalograma para ver si podemos pesquisar esa descarga eléctrica”.

Ahora bien, en caso de que los estudios den normales, pero la persona continúe con los episodios, se realiza un diagnóstico clínico. “La mayoría de las veces cuando hay una alta sospecha, por más que los estudios sean normales, uno inicia un tratamiento y dejan de suceder los episodios”.
Tratamiento y epilepsia refractaria
En la actualidad, el tratamiento con medicación funciona óptimamente en el 70% de las personas diagnosticadas con epilepsia, según destaca la neuróloga. Pues, “siempre que sea una medicación adecuada y en una dosis adecuada, la gran mayoría de los pacientes pueden llevar una vida completamente normal”.
Del otro lado, hay un 30% de pacientes que, a pesar de tomar la pastilla en dosis adecuadas o una combinación de pastillas, sigue teniendo crisis. “Ese grupo es el que se llama epilepsia, que no responde a la medicación o epilepsia refractaria”, indicó la médica.
Hoy, el mercado cuenta con medicación múltiple para el tratamiento de la epilepsia. Las drogas anticonvulsivas, también llamadas “drogas clásicas” aún son implementadas. Esto se debe a su mayor accesibilidad en cuanto a costos; a su disponibilidad y dado que los profesionales ya conocen su efectividad.

Luego está el grupo apodado “drogas nuevas”, pero que está compuesto de medicamentos grupo de drogas nuevas que se utilizan hace más de 20 años. “La diferencia entre un grupo y otro fundamentalmente es que las nuevas tienen menores efectos adversos; se toleran mejor. Las dosis son fijas, no hay que hacer dosajes y producen menos problemas hepáticos”, ahondó.
Fuera de lo que es el tratamiento con medicación, existen procedimientos quirúrgicos para la epilepsia. Por un lado, hay cirugías que tratan lesiones cerebrales, sea tumorales o malformaciones congénitas. También dispositivos que se usan como “estimuladores vagales”, unos aparatitos que se colocan para estimular un nervio llamado “vago”. “Es como un marcapaso, que está colocado a nivel del pecho y tiene un cablecito que reconecta el nervio y, a través de eso envía el estímulo”, graficó la especialista.
En el afán de evitar o reducir todo lo posible las crisis epilépticas, también hay procedimientos que son “paliativos”. Pues, son usados en casos de epilepsias “rebeldes”, donde el tratamiento no da resultados.
¿Y el cannabis?
Otra droga que acapara cada vez más aceptación como “anticonvulsiva” es el cannabis. Queda incluido en ese grupo, dado que “en algunos tipos específicos de epilepsia, el cannabidol ha sido efectivo para reducir las crisis”, según comentaba Salera.

Hasta hace algunos años atrás, el uso del cannabis para el tratamiento de la epilepsia generaba cierta reticencia en los especialistas. Sin embargo, hay estudios que comienzan a respaldar su función. “El cannabis tiene sus indicaciones, no es cierto que sirve para todos”, amplió la médica consultada y puso como ejemplo a la enfermedad de Parkinson, para la cual “no hay ningún estudio científico ni ninguna evidencia que avale su uso”.
“No así en epilepsia. En epilepsia hay mucha evidencia de que en algunos tipos puntuales, su uso está indicado. Después hay formulaciones que son artesanales, que se cultivan y hay personas que cultivan y que tienen cierta experiencia y hay otras que son unas chantas y que te venden un cannabis que no es”, advirtió.
De ahí la dificultad para indicarlo como medicación. Sin embargo, “hay formulaciones que son farmacéuticas y hay varios laboratorios que están produciendo cannabidiol”, lo que garantiza su trazabilidad y puede recomendarlo en dosis justas.
Actualmente, afirmó la neuróloga, “se usa puntualmente en niños con encefalopatías epilépticas graves”. Estudios demostraron que en pacientes epilépticos adultos, esta droga logra disminuir la frecuencia de las crisis, aunque no en todos los casos. “Faltan estudios todavía, pero en mi caso particular tengo muchos pacientes usando cannabidiol y para muchos es efectivo”, comentó.

El impacto de los accidentes de tránsito
En el caso de las epilepsias en adultos, los desencadenantes pueden ser múltiples, pero con frecuencia parten de traumatismos. Salera planteó que, si bien no hay una estadística, los accidentes de tránsito dejan muchos pacientes con epilepsia, a raíz de los golpes en la cabeza.
“La verdad es que producen lesiones en el cerebro, y a través de estas, la epilepsia. Es muy frecuente e impacta. Y aquí en Santiago del Estero, por el uso de la moto sin casco, es muy frecuente”, reveló.
