Día de la Empleada Doméstica: más del 95% de quienes trabajan en casas particulares en Santiago del Estero son mujeres
Más del 95% de quienes trabajan en casas particulares en Santiago del Estero son mujeres y, según estudios del sector, la mayoría no está registrada. En el Día de la Empleada Doméstica, un investigador del CONICET analizó cómo la informalidad, la superposición de tareas y las desigualdades de género atraviesan una de las actividades laborales más extendidas de la provincia.

Este 3 de abril se conmemora en Argentina el Día de la Empleada Doméstica, una fecha establecida en homenaje a la promulgación de la Ley 26.844 de Trabajo en Casas Particulares, sancionada en 2013 y reglamentada desde 2015.

En Santiago del Estero, el empleo en casas particulares representa uno de los sectores laborales con mayor peso entre las mujeres. Según explicó el Dr. Lucas Torres, investigador del CONICET y coordinador del Grupo de Estudios del Trabajo del INDES (UNSE-CONICET), casi 3 de cada 10 mujeres ocupadas en la provincia trabajan en el servicio doméstico.

En este especial para Info del Estero, el investigador brindó datos que ponen el foco en la desigualdad de género y la realidad asimétrica dependiendo la brecha económica. “Dentro de los períodos que yo he estudiado, el sector estaba alrededor del 26% de las mujeres que trabajaban. Es un dato muy fuerte. Casi de cada 10 mujeres que trabajan, 3 lo hacen en el servicio doméstico en Santiago”, sostuvo.

El investigador, autor del trabajo Trayectorias laborales y desigualdades. El caso de las empleadas del servicio doméstico en Santiago del Estero, remarcó además que más del 95% de las trabajadoras del sector son mujeres y que también más del 95% no se encuentra registrado en la seguridad social.

Dr. Lucas Torres, investigador del CONICET

Un trabajo marcado por la informalidad

Para Torres, uno de los principales rasgos del empleo doméstico en Santiago del Estero es la informalidad. La falta de registración implica que muchas trabajadoras no accedan a derechos laborales básicos como obra social, aportes jubilatorios, aguinaldo o líneas de crédito. “Al no estar registradas, muchas trabajadoras no tienen acceso al crédito o a determinadas líneas de financiamiento”, explicó.

En ese contexto, aparecen formas de ayuda o “favores” entre empleadores y trabajadoras que, según el investigador, surgen a partir de la confianza y del vínculo afectivo que suele construirse en el interior de los hogares. “Muchas trabajadoras recibían ciertos favores como acceso al crédito. Si necesitaban comprar una heladera, se lo pedían a la empleadora y después se descontaba del sueldo. También aparecía la compra de remedios o materiales de construcción”, detalló.

Sin embargo, Torres aclaró que esos beneficios informales no reemplazan la registración laboral ni los derechos que corresponden por ley. “Ese tipo de favores suplían la registración laboral, pero no dejan de ser derechos que deberían estar garantizados”, señaló.

Los límites difusos entre cuidar, limpiar y cocinar

Otro de los puntos que surgen de las entrevistas realizadas por Torres tiene que ver con la superposición de tareas, especialmente en el caso de las trabajadoras contratadas como niñeras o cuidadoras. Según indicó, muchas veces las tareas de cuidado terminan mezclándose con labores de limpieza, cocina o mandados, sin una remuneración diferenciada.

“Muchas de las trabajadoras cuidadoras son contratadas para cuidar, pero además se les empiezan a agregar otras tareas: limpiar la casa, cocinar para la familia o buscar a los chicos del jardín. Se van superponiendo tareas que no son pagadas aparte, sino que se incluyen en un mismo sueldo”, explicó.

Para el investigador, esa falta de delimitación entre categorías laborales es una de las características más frecuentes dentro del trabajo en casas particulares.

Buen trato, pero no a cambio de derechos

Consultado sobre si las trabajadoras santiagueñas valoran más el buen trato que un salario justo, Torres consideró que no se puede generalizar de esa manera. “No diría que para todas las trabajadoras santiagueñas es más valioso el buen trato que un salario justo o la registración laboral. Pero sí es algo valioso porque hace a un ambiente laboral ameno y accesible”, sostuvo.

En ese sentido, advirtió que muchas mujeres entrevistadas relataron situaciones de malos tratos, restricciones y violencia. “Muchas hablaban de prohibiciones de salir salvo una tarde específica del fin de semana, de no comer con la familia o de no utilizar los mismos utensilios de cocina. Incluso algunas relataron violencia verbal y física”, indicó.

Por eso, insistió en que el buen trato debe ser entendido como una condición básica dentro de cualquier relación laboral, pero nunca como reemplazo de un salario justo o de la registración.

Extrema necesidad e informalidad

Respecto a las causas que sostienen la informalidad en el sector, Torres aseguró que la variable principal no es la falta de escolarización, sino la extrema necesidad económica. “No está tan ligado a la falta de escolarización. Muchas empleadas domésticas tenían secundario completo e incluso algunas habían iniciado estudios universitarios. La variable más fuerte es la extrema necesidad”, explicó.

Además, señaló que los altos niveles de informalidad no son exclusivos del empleo doméstico. “En muchos sectores de la economía estamos hablando de niveles de informalidad que alcanzan el 50%. Esto va más allá del nivel educativo y tiene que ver con una precarización general del mercado de trabajo y de la vida”, afirmó.

Un sector atravesado por desigualdades de género

Torres subrayó que el trabajo en casas particulares tiene una fuerte carga de desigualdad de género, ya que históricamente ha sido asociado a las tareas de cuidado y del hogar. “Es una actividad altamente feminizada. Más del 95% de quienes trabajan en el sector son mujeres”, sostuvo.

También explicó que, a nivel nacional, el empleo doméstico representa entre el 9% y el 10% de las mujeres ocupadas, mientras que en Santiago del Estero el porcentaje se eleva hasta el 26%. “Es una actividad que aglutina a muchas mujeres y que refleja la distribución histórica de roles de género entre varones y mujeres”, concluyó.

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