La Justicia de los Estados Unidos ha logrado reconstruir las horas previas al ataque en el Hotel Hilton, revelando una logística que descarta cualquier rastro de improvisación. El sospechoso, Cole Thomas Allen, realizó un extenso periplo desde California que incluyó escalas estratégicas en tren por Chicago antes de llegar a Washington D.C. Una vez en la capital, Allen logró infiltrarse en el corazón del evento al hospedarse como un cliente más en el mismo hotel donde se realizaría la cena, lo que le permitió conocer el terreno y los movimientos de seguridad con antelación.
Según el secretario de Justicia, Todd Blanche, el detenido portaba dos armas de fuego adquiridas en los últimos dos años y su objetivo era claro: atentar contra la cúpula del Ejecutivo, con el propio presidente como blanco principal.
La evidencia más contundente del móvil político surgió de un manifiesto de más de mil palabras que Allen envió a sus familiares minutos antes de abrir fuego. En el documento, difundido por el New York Post, el atacante detalla una lista de “objetivos” dentro del gabinete, aunque llamativamente excluyó de sus críticas al director del FBI, Kash Patel.

En su escrito, Allen justifica el atentado bajo la premisa de no permitir que las acciones del Gobierno se realicen en su nombre, revelando además una obsesión por los detalles técnicos: el tirador especificó haber elegido munición especial para “reducir daños colaterales” y evitar que los proyectiles atravesaran las paredes del hotel alcanzando a terceros. Con el sospechoso bajo custodia federal, la investigación ahora se centra en determinar cómo logró vulnerar los controles armados y si recibió apoyo externo para financiar su traslado y estadía.
