La compleja situación económica de los hogares de la tercera edad quedó retratada recientemente en el frigorífico Cabaña Don Theo, donde más de 4.000 personas realizaron filas de diez cuadras bajo la lluvia para postularse a solo 60 vacantes. Entre los solicitantes se destacaron hombres y mujeres de más de 60 años, lo que dejó en evidencia que la jubilación mínima de $473.174,10 —con bono congelado de $70.000— resulta insuficiente.
Al cierre de 2025, se contabilizaron 686.160 personas de 65 años o más ocupadas en los principales aglomerados urbanos del país. Este segmento registró un crecimiento del 32,6% respecto a 2016, duplicando casi el avance del empleo total en el mismo período, que fue del 17,8%.
El informe destaca que este fenómeno no responde a una elección de permanencia activa, sino a estrategias de supervivencia. El fenómeno tiene una característica propia con el auge del cuentapropismo. Pues, casi la mitad de los trabajadores de este rango etario (48,1%) trabaja por cuenta propia, la cifra más alta de la serie histórica.
Otra característica que se destaca es la informalidad creciente. El trabajo asalariado para mayores de 65 se volvió más precario, pasando de un 47% de informalidad en 2016 a un 55,7% en 2025.
Solo en el último año, los asalariados formales de este sector cayeron un 11%, mientras que los informales aumentaron un 21,2%.
Rubros y precarización
La inserción laboral de los jubilados se concentra principalmente en sectores con alta demanda de esfuerzo físico o profesional independiente. La construcción lidera la concentración de cuentapropistas con un 12,7%, seguida por el comercio de alimentos y las actividades jurídicas o contables.
Esta reconfiguración del mercado laboral se da en un contexto de alta vulnerabilidad financiera para las familias. La mora en los pagos alcanzó en marzo el 11,5%, el nivel más alto desde 2004, debido a que muchos hogares recurren al financiamiento para cubrir gastos diarios que luego no pueden afrontar.
