La crisis económica instalada en los hogares argentinos sumó un nuevo y alarmante capítulo financiero, ya que un informe presentado este lunes por la consultora Analytica reveló que más de 19,8 millones de ciudadanos tienen créditos activos en el país, mientras que la morosidad en el pago de créditos llega a 5,3 millones de personas.
El dato más preocupante revela que el 26,9% de los deudores registran atrasos superiores a los 90 días, lo que en la jerga financiera se tipifica como “mora tardía”.
El volumen total de la deuda que arrastran las familias argentinas asciende a la impactante cifra de 74,2 billones de pesos, lo que equivale al 6,5% del Producto Interno Bruto (PIB). Los analistas económicos de la consultora explicaron que este fenómeno se vincula directamente a un escenario donde los ingresos reales y los salarios de los trabajadores no logran ganarle a la inflación acumulada, obligando a los jefes de hogar a recurrir de forma sistemática al financiamiento con entidades tradicionales o canales alternativos solo para costear el consumo cotidiano o pagar servicios fijos.

Por qué las deudas y la mora récord castigan con mayor fuerza a los jóvenes
Uno de los puntos más salientes del informe de Analytica radica en la segmentación por edades de los niveles de incumplimiento de pago. El segmento más crítico y expuesto a las deudas financieras corresponde a los menores de 30 años. Entre los jóvenes de entre 18 y 30 años, la tasa de morosidad roza de forma alarmante el 40%, afectando principalmente al público masculino. Los especialistas adjudican esta preocupante cifra a las dificultades estructurales que experimenta la juventud para insertarse en el mercado de empleo formal registrado y a la inestabilidad de sus ingresos mensuales.
Asimismo, la estructura del endeudamiento juvenil demuestra una fuerte dependencia hacia las nuevas plataformas tecnológicas. Mientras que entre quienes mantienen deudas exclusivamente con bancos el nivel de mora promedia el 19,2%, en el universo de las plataformas Fintech y billeteras virtuales el porcentaje de incumplimiento trepa al 28,9%. El escenario se vuelve total y exponencialmente crítico en el sector de las entidades no financieras —como las casas de venta de electrodomésticos, cooperativas, mutuales y créditos de consumo a sola firma— donde la morosidad tardía trepa a un insostenible 96,4%.
Cuáles son las provincias con las tasas de morosidad más altas del país
El mapa de la morosidad previsiblemente expone fuertes asimetrías geográficas que golpean con mayor dureza al interior productivo de la Argentina. De acuerdo con el ranking de moras tardías (atrasos mayores a tres meses) elaborado por Analytica, la provincia de San Juan encabeza el listado nacional con el 36% de sus deudores afectados. En el podio de las jurisdicciones más comprometidas financieramente la siguen muy de cerca La Rioja con el 35,3% y la provincia de Catamarca con un 34,8% de morosidad acumulada.
Por su parte, el análisis territorial enfocado en los municipios de la provincia de Buenos Aires exhibe un panorama igual de fragmentado y polarizado según la capacidad económica de cada zona. Mientras que distritos con ingresos medios y altos como Vicente López registran niveles de incumplimiento del orden del 15,1%, las barriadas del Conurbano sur exponen una realidad dramática: el municipio de Florencio Varela lidera la morosidad con un 38,3%, seguido por José C. Paz con el 37,3%, Moreno con un 35,9% y Malvinas Argentinas reflejando un 35,1% de deudores con atrasos graves.
La compleja realidad financiera de Santiago del Estero frente al informe
Las conclusiones vertidas por la consultora nacional repercuten con fuerza en la provincia de Santiago del Estero. La investigación privada ubicó al territorio santiagueño, junto con Jujuy y Corrientes, dentro del grupo de jurisdicciones que presentan una de las menores proporciones de deudores formales respecto de su población total. Esta aparente baja tasa de endeudamiento bancarizado, lejos de ser un indicador positivo de solvencia, refleja el elevado índice de informalidad laboral que impera en la región, lo que restringe el acceso de miles de santiagueños a los créditos bancarios formales del sistema tradicional.
Sin embargo, ante la necesidad de llegar a fin de mes, las familias santiagueñas recurren masivamente a los canales no bancarizados. Las oficinas locales de firmas comerciales y cooperativas de crédito registran un constante flujo de vecinos que intentan renegociar planes de pago caídos o financiar electrodomésticos y vestimenta en interminables cuotas fijas. Con la confirmación de que más de la mitad del ingreso promedio familiar de los argentinos ya se destina exclusivamente a cubrir servicios públicos y gastos fijos, el reordenamiento de las economías domésticas en Santiago se perfila como el desafío más complejo de encarar en lo que resta de este invierno de 2026.
