David Díaz en el Día de la Afirmación Soberana: “Nuestros recuerdos están intactos y la motivación por Malvinas sigue al 100%”
En una conmovedora entrevista en vivo, el presidente del Centro de Excombatientes de Santiago del Estero recordó los días como prisionero en el búnker Norland, analizó el fenómeno de la "malvinización" en las escuelas y explicó por qué eligió no regresar a las islas.

Este miércoles 10 de junio, en el marco del Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los Espacios Marítimos Circundantes, los estudios de Primera Mañana recibieron la visita de David Díaz. El dirigente no solo preside el Centro de Excombatientes de la provincia, sino que además se desempeña como el representante de siete provincias del norte grande ante la Comisión Nacional de Excombatientes de Malvinas del Ministerio del Interior.

En un diálogo íntimo y cargado de una profunda emotividad que quebró el protocolo periodístico de los conductores, Díaz repasó sus vivencias con 18 años en el frente de batalla, el duro proceso de la posguerra y la siembra constante de valores patrios que la delegación local lleva adelante en los establecimientos educativos santiagueños.

El recuerdo del 10 de junio de 1982: prisioneros en el búnker Norland

Para Díaz, el 10 de junio es mucho más que una efeméride en el almanaque institucional; evoca de manera directa un momento crítico de su propia biografía. “Para mí es una fecha muy particular. El 10 de junio de 1982 yo estaba junto a mi unidad, la Base Militar Cóndor —que combatió en Goose Green y Darwin—, siendo prisionero de guerra de las fuerzas británicas”, relató.

Díaz formó parte de un contingente de 1.013 soldados argentinos que fueron confinados inicialmente en una cámara frigorífica en San Carlos y, posteriormente, retenidos en el búnker del buque británico Norland. “Hicimos un cese al fuego a fines de mayo porque ya no teníamos medios para seguir combatiendo, perdimos tres compañeros allí. Nos trasladaron en el barco y finalmente nos dejaron en Uruguay a finales de junio”, recordó sobre el fin del conflicto bélico.

Miedo, supervivencia y la contención de la familia

Al ser consultado sobre el impacto psicológico del combate a tan corta edad, el veterano desmitificó la ausencia de temor y la transformó en una herramienta de supervivencia. “El miedo es uno de los artífices principales del ser humano; te hace sacar fuerzas de donde no las tienes y hacer cosas increíbles que no piensas. Si sobrevivimos a un combate, fue justamente por el miedo. Ese mismo instinto era el que te impedía dejar a un compañero herido en el campo de batalla”.

Sin embargo, Díaz remarcó que la parte más compleja del proceso no la vivieron los soldados en las trincheras, sino sus propios entornos afectivos: “La parte más difícil la tuvo la familia. Soportarnos a nosotros en los días malos, cuando regresamos cambiados. Siempre les vamos a estar agradecidos por el aguante. Hoy tenemos 63 años, pero la motivación por Malvinas sigue al 100%. Los recuerdos están intactos y solo van a terminar el día que desaparezcamos físicamente. Los verdaderos héroes quedaron custodiando las islas”.

En ese sentido, reveló un detalle íntimo sobre el resguardo de su memoria: nunca se sentó a hablar explícitamente del horror de la guerra con sus propios hijos, quienes terminan enterándose de sus vivencias a través de las entrevistas que concede a los medios de comunicación. “Uno siempre tiene en mente el deseo de que sus hijos no pasen por lo que uno ya pasó”, reflexionó. Asimismo, explicó que hace un tiempo rechazó una propuesta institucional para volver a pisar suelo malvinense: “Fui camillero, rescaté compañeros heridos bajo fuego. Volver a recorrer ese mismo camino traería demasiados recuerdos y consideré que mi familia no se merecía volver a revivir esos días oscuros”.

La “segunda guerra” y el fruto de sembrar en las escuelas

Díaz analizó de forma cruda la realidad de los veteranos en el país, señalando que la “segunda guerra” comenzó al regresar al continente debido a la desmalvinización y la falta de contención estatal inicial, lo que provocó una tasa de suicidios alarmante a nivel nacional, casi equivalente a la cantidad de caídos en el frente. En el plano local, lamentó el reciente fallecimiento de dos veteranos santiagueños en las últimas dos semanas.

No obstante, ponderó el rotundo cambio cultural que se percibe en la juventud actual, fruto de un trabajo de hormiga que los excombatientes coordinan junto a los docentes santiagueños. “Cuando empezamos a dar charlas en los colegios, duraban 20 minutos. Hoy la duración mínima es de una hora y media porque los chicos interactúan muchísimo. No les hablamos de la guerra en sí, sino de los valores: el valor de la comida, el respeto por los símbolos patrios y el orgullo de sentirse argentinos”.

“Hoy ese fruto se ve en la vida común: vas por la calle y en los murales comunitarios siempre hay un espacio para dibujar el mapa de Malvinas; vas a ver fútbol amateur y los equipos de los chicos llevan las islas en la camiseta. Logramos sembrar identidad”, concluyó Díaz, instando a las familias y a la comunidad en general a involucrarse activamente en la educación soberana cotidianamente, y no solo durante las fechas conmemorativas.

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