Caso Benjamín Gutiérrez: su papá confesó que lo mató y que torturó al resto de sus hijos

El caso de Benjamín Gutiérrez, el niño de 3 años asesinado en la localidad tucumana de Atahona, tuvo un avance decisivo con la confesión de su padre, Jorge Lucero, quien reconoció haber matado al pequeño y haber sometido durante años a brutales hechos de violencia a sus otros hijos.

La causa, que comenzó como una investigación por la desaparición de Benjamín, terminó revelando un prolongado contexto de maltrato infantil que conmocionó a la provincia. El niño permaneció desaparecido durante meses hasta que, en el marco de la investigación, Lucero indicó a los investigadores el lugar donde había enterrado el cuerpo, permitiendo su hallazgo.

Asesinó  a su hijo y torturó a los otros

Durante un juicio abreviado realizado ante un tribunal de Concepción, el acusado admitió haber asesinado a Benjamín tras golpearlo en la cabeza con un ladrillo. Además, confesó haber ejercido violencia sistemática contra sus otros tres hijos, a quienes castigaba con látigos, hierros, machetes y otros elementos.

En su declaración también reconoció su responsabilidad en la muerte de Rodrigo, otro de sus hijos, quien falleció cuando tenía apenas 11 meses. En un primer momento, ese deceso había sido atribuido a una broncoaspiración y la causa fue archivada. Sin embargo, la investigación posterior permitió reconstruir un historial de violencia familiar que llevó a revisar aquel episodio.

La denuncia que dio origen al expediente fue presentada por las abuelas materna y paterna de Benjamín, quienes comenzaron a sospechar al advertir que el niño nunca aparecía junto a sus hermanos durante las visitas familiares. Las explicaciones que recibían por parte de los padres resultaban contradictorias y, con el paso del tiempo, los testimonios de los otros menores fueron fundamentales para orientar la investigación hacia un posible homicidio.

Los hermanos de Benjamín describieron reiterados episodios de violencia dentro del hogar y señalaron que el niño había sufrido una agresión fatal por parte de su padre. Sus declaraciones fueron consideradas una de las principales pruebas para avanzar en la causa.

A partir de esos testimonios, la Justicia ordenó medidas de protección para los menores sobrevivientes y dispuso allanamientos y rastrillajes en la vivienda familiar de Atahona. Durante esas tareas fueron encontrados restos óseos que posteriormente permitieron confirmar el trágico desenlace del caso.

La madre, también imputada

Además de Jorge Lucero, la madre del niño, Romina Gutiérrez, también quedó imputada en la investigación por su presunta participación y por no haber impedido los hechos de violencia que sufrían sus hijos. La Fiscalía sostiene que ambos convivían en un contexto de maltrato permanente contra los menores.

El expediente también expuso las fallas institucionales que rodearon la historia de la familia. La muerte de Rodrigo, ocurrida años antes, había sido archivada tras concluirse que se trató de una broncoaspiración, pese a que familiares aseguraban que el bebé presentaba diversas lesiones compatibles con maltrato.

Las abuelas de Benjamín fueron quienes impulsaron de manera constante el reclamo de justicia y mantuvieron viva la búsqueda del niño cuando todavía no existían respuestas sobre su paradero. Gracias a sus denuncias y a los testimonios de los hermanos sobrevivientes, la investigación logró reconstruir lo ocurrido dentro del entorno familiar.

Con la confesión de Jorge Lucero, la causa dio un paso determinante hacia su resolución judicial. El tribunal deberá definir la pena que recibirá el acusado, mientras la investigación continúa respecto de las responsabilidades atribuidas a la madre del niño. El caso de Benjamín se convirtió en uno de los antecedentes más graves de violencia infantil registrados en Tucumán y reavivó el debate sobre la necesidad de fortalecer los mecanismos de prevención, detección y protección de niños víctimas de maltrato.

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