**Por Adolfo Farías, referente provincial del MOCASE VC
Desde el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE-Vía Campesina) expresamos nuestra profunda preocupación y nuestro más enérgico rechazo a las políticas económicas que están empujando a millones de argentinas y argentinos a la pobreza, la exclusión y el hambre. Mientras unos pocos grupos económicos multiplican sus ganancias, el pueblo trabajador sufre cada día el aumento de los alimentos, los servicios, los medicamentos, el transporte y los combustibles.
La realidad golpea con fuerza a las familias campesinas, a los trabajadores, a los jubilados, a los estudiantes y a quienes sostienen la vida cotidiana con enorme esfuerzo. Hoy vemos cómo miles de jubilados deben elegir entre comer o comprar medicamentos. Vemos docentes que no llegan a fin de mes, trabajadores de la salud agotados por la falta de recursos, familias enteras que recortan comidas y jóvenes que pierden la esperanza de construir un futuro digno.
Esta no es una crisis inevitable: es el resultado de decisiones políticas que favorecen a los poderosos y castigan a quienes viven de su trabajo. En nuestros territorios la situación es cada vez más grave. Los pequeños productores y las familias campesinas enfrentan costos imposibles de sostener. Los combustibles aumentan, los insumos suben sin control y la producción de alimentos se vuelve una tarea cada vez más difícil. Sin embargo, somos quienes seguimos garantizando alimentos sanos para nuestro pueblo.

La pobreza no es un número frío. La pobreza tiene rostro de niña que llega a la escuela sin desayunar, de abuelo que no puede comprar sus remedios, de trabajador que después de una jornada completa no alcanza a cubrir las necesidades básicas de su familia. Detrás de cada estadística hay sufrimiento, angustia e injusticia.
Desde el MOCASE Vía Campesina denunciamos con firmeza este modelo económico que concentra riqueza para unos pocos y distribuye miseria para las grandes mayorías. Denunciamos el abandono de las políticas públicas destinadas a la educación, la salud, la producción y el desarrollo de las comunidades rurales y urbanas. Pero también afirmamos que nuestro pueblo tiene memoria, organización y dignidad. Venimos de largas luchas por la tierra, por el agua, por los montes, por la producción campesina y por los derechos de quienes históricamente fueron excluidos. No vamos a resignarnos ni a aceptar que el hambre se convierta en algo natural. Convocamos a fortalecer la organización popular, la solidaridad entre los pueblos, la defensa de la soberanía alimentaria y la unidad de todos los sectores que hoy sufren las consecuencias de este modelo de ajuste.
Porque cuando un pueblo se organiza, la esperanza se transforma en lucha y la lucha se transforma en fuerza colectiva. No aceptamos una Argentina donde los poderosos viven cada vez mejor mientras el pueblo pasa hambre. No aceptamos una Argentina donde los jubilados son castigados, donde la educación pública se debilita y donde la salud se convierte en un privilegio.
Frente al ajuste, organización. Frente al hambre, solidaridad. Frente a la injusticia, lucha. Frente al miedo, unidad. Porque la tierra, el trabajo, el pan y la dignidad son derechos del pueblo y no privilegios de unos pocos.
