Por Juan Manuel Aragón, fundador y director del blog Ramírez de Velasco.
En estas elecciones de La Banda no perdió Roger Nediani, no señor. Se fue al tacho un sistema de gobierno que comenzó en 1991. En aquel entonces era un movimiento nuevo y pujante, con gente que tenía 30 años menos que ahora. El tiempo se encargó de volverlo vetusto. Terminó pudriéndose por dentro.
Todas las mañanas, mientras se tienden las camas y se barren los pisos, la casa se airea, se renueva: sigue siendo la misma pero el ambiente es distinto. Algo parecido debió ocurrir en la Municipalidad de La Banda hace muchos años, pero una mayoría creyó que era mejor insistir con la misma medicina. Oiga, en una ocasión la Carta Orgánica no permitía una segunda reelección. Para no ver a los santiagueños gobernar su propia ciudad, prefirieron violar su ley fundamental.
Hubo una manera perversa de gobernar. Mientras la ciudad se llenaba de mugre, muchos se culpaban a sí mismos por tirar basura, antes que mirar a la comuna que abdicaba de su obligación de levantarla. En el mismo lapso El Simbolar se modernizó y la sede del Municipio entre otras obras, parece una oficina del siglo XXI, al lado de la cueva oscura que es la de La Banda. Clodomira tomó impulso y hoy es otra ciudad. San Ramón es un vergel en el que reina la higiene y para el otro lado, Vilmer sigue atrayendo gente a vivir en medio del orden y la limpieza. Pero los bandeños insistían en que preferían vivir en medio de la roña antes que dejarse gobernar por los santiagueños. Una bobería impuesta por un pequeño grupo formador de opinión, que supone que los capitalinos se despiertan todos los días pensando en qué maldades les harán.
No se sabe cómo le irá al nuevo intendente. Lo que sí parece seguro es que habrá un aire nuevo en la Municipalidad.
Una mentalidad de pago chico mantuvo a La Banda soñando el mismo sueño desde 1991. Ayer, finalmente, despertó.
