Entre las miles de familias que se quedaron sin nada, luego de los terremotos en Venezuela, se encuentra la de María. Una argentina oriunda de la localidad bonaerense de San Miguel, sobrevivió milagrosamente junto a sus dos hijos al derrumbe total del edificio donde residían. Hoy, desamparados y sin documentación, su único y urgente objetivo es lograr la repatriación hacia la Argentina.
Según precisó la mujer, residía desde hacía un año en el territorio caribeño junto a su esposo —un ciudadano venezolano nacionalizado argentino— y sus dos hijos de 7 y 2 años. El miércoles, al momento del primer y violento sismo de magnitud 7,2, la mujer se encontraba casualmente fuera de su vivienda, ubicada en la localidad de El Junquito, una zona montañosa al sudoeste de Caracas.
“Todo se vino abajo en segundos”, dijo en una entrevista con TN. Desde la calle, describió nubes de polvo asfixiantes, gritos y el pánico generalizado de la población que corría sin rumbo mientras las estructuras de las casas se desplomaban.
Tras minutos de extremo terror, logró localizar a su esposo y ponerse a resguardo junto a los menores. Lo único que pudieron rescatar del desastre fue una valija con indumentaria infantil que, por cuestiones de espacio en el departamento alquilado, el propietario guardaba en otra estructura. “Por suerte era ropa de los chicos y es la que están usando ahora”, se consoló la madre.
La primera noche posterior a los sismos la pasaron hacinados en un centro de evacuados improvisado en el barrio de La Candelaria, en pleno centro de la capital venezolana. Allí recibieron las primeras raciones de agua y alimentos por parte de voluntarios. Horas más tarde, la crisis habitacional y el éxodo interno los obligaron a movilizarse.
Una familia local que abandonaba Caracas les ofreció trasladarlos de forma solidaria hasta la ciudad costera de Puerto La Cruz, donde actualmente subsisten en una pensión provisoria gracias a donaciones.
“Nuestro sueño es volver a la Argentina y estar con nuestra familia. Acá perdimos todo, desapareció el esfuerzo de años en apenas un minuto”, expresó María quebrada por el llanto.
Sin documentos y frente a un contexto de alta vulnErabilidad
El principal obstáculo que enfrenta la familia para abordar un vuelo de regreso es la pérdida total de sus identificaciones. Tanto los Documentos Nacionales de Identidad (DNI) como los pasaportes internacionales quedaron atrapados bajo las ruinas del edificio de El Junquito.
Por eso, iniciaron gestiones urgentes ante la Cancillería argentina para tramitar salvoconductos o pasaportes de emergencia. Según explicaron las víctimas, las autoridades diplomáticas argentinas ya tomaron conocimiento formal del caso y evalúan las alternativas logísticas para su asistencia en el corto plazo.
Sin embargo, la urgencia del retorno se ve agudizada por el estado de salud de los menores. El hijo mayor, de 7 años, cuenta con un diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA), un cuadro que se complejiza severamente ante la pérdida de rutinas y el trauma del sismo. En tanto, el hijo menor, de 2 años, aún no ha desarrollado el habla. “Nos donaron pañales, leche y comida. Los ciudadanos venezolanos nos han ayudado muchísimo desde el primer momento”, destacó María, agradeciendo la contención civil en medio del colapso.
El último recuento oficial en el epicentro de la tragedia eleva de forma escalofriante la cifra de víctimas: ya se registran al menos 1.430 fallecidos, más de 3.200 heridos confirmados y decenas de miles de personas desaparecidas. Mientras el tiempo corre, brigadistas de las Fuerzas Armadas y Cascos Blancos argentinos intensifican los operativos en el terreno con la esperanza de hallar más sobrevivientes y acelerar los mecanismos de evacuación de los compatriotas afectados.
