Piden el cierre de un pozo petrolero abandonado bautizado como el Chernobyl salteño
Lomas de Olmedo. Foto: Martín Katz / Greenpeace.
Este desastre ecológico arrasó con más de 20 hectáreas de bosques nativos y varias familias se vieron en la obligación de abandonar su hogar debido a la exposición con diversos contaminantes.

Una grave crisis ambiental en el Noroeste Argentino (NOA) encendió las alarmas en organizaciones ambientalistas por el daño que está causando un pozo petrolero abandonado en la zona de Lomas de Olmedo, dentro del departamento de Orán, Salta.

Este región existe una infraestructura hidrocarburífera que continúa liberando emanaciones sin ningún tipo de barrera de contención. El desastre ecológico ha tomado una escala de tal magnitud que los propios pobladores del lugar y activistas de la fundación Greenpeace Argentina denominaron a este sitio de manera dramática como el “Chernobyl salteño”.

A pesar de los insistentes pedidos y la visibilización del caso en portales de noticias de todo el país, las soluciones de fondo siguen demoradas mientras los contaminantes alteran gravemente la geografía nativa.

Chernobyl salteño. Foto: GreenPeace.

El origen del desastre ambiental en Lomas de Olmedo

El foco del conflicto medioambiental se localiza en una estructura que fue explotada comercialmente durante aproximadamente 40 años por distintas corporaciones del sector. Tras finalizar los ciclos de extracción productiva, la última empresa concesionaria abandonó las instalaciones sin ejecutar los protocolos correspondientes de abandono seguro y cementación técnica, lo que derivó en un colapso del sistema subterráneo. En la actualidad, el pozo brota de manera constante de modo similar a un “géiser tóxico”, liberando hidrocarburos líquidos, lodos corrosivos y una densa nube de gases asfixiantes que hacen imposible la respiración en las inmediaciones sin equipos de protección especial.

De acuerdo con las verificaciones técnicas e inspecciones de campo realizadas por los equipos de campañas de las ONG ambientales, la contaminación activa ya destruyó de manera directa una superficie estimada de 20 hectáreas de bosques nativos. El crudo derramado y los componentes químicos pesados modificaron la composición del sustrato, dejando un suelo completamente seco, agrietado y cubierto por una densa capa negra que impide cualquier brote de vida vegetal. Además del daño al bioma, la presencia de estos fluidos inflamables a cielo abierto eleva significativamente el peligro de incendios forestales incontrolables sobre las masas boscosas del NOA.

El impacto sobre la fauna y el éxodo de familias locales

Las repercusiones de este desastre ecológico no se limitan únicamente a la devastación de los recursos forestales protegidos por ley. El impacto en las economías de subsistencia y en la fauna es devastador: los reportes comunitarios indican la muerte de más de 350 cabezas de ganado vacuno y un número indeterminado de ejemplares de la fauna silvestre nativa debido a la ingesta de aguas y pastizales severamente contaminados por el crudo. La pérdida de los recursos productivos dejó a los pequeños productores ganaderos de la zona rural en una situación de extrema vulnerabilidad socioeconómica.

Ante el avance descontrolado de los gases peligrosos y la degradación irreversible de su entorno inmediato, numerosas familias locales se vieron forzadas a abandonar sus hogares ancestrales. Este éxodo de pobladores rurales desnudó la cara más humana de la catástrofe climática en la región. Las mediciones indican que la falta de resiliencia del ecosistema bajo estas condiciones extremas acerca a este territorio a un estado de degradación ambiental permanente si no se implementa una intervención técnica de urgencia.

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