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El “pan de San Cayetano” y la cadena de fe que un día se cortó en Santiago del Estero

Una familia recibía el fermento, lo trabajaba y esperaba a que leudara para dárselo a otras tres que, a su vez, lo entregarían a otras tres. La cadena se mantuvo durante años hasta que desapareció.

RI
Por Redacción Info del Estero.
Hace 1 hora · 4 min de lectura
La masa iba acompañada de una receta con estrictas instrucciones y una oración.
FotoLa masa iba acompañada de una receta con estrictas instrucciones y una oración.

Un fenómeno ya extinto, pero que vive en el recuerdo de muchos santiagueños es el “pan de San Cayetano”. Una suerte de bizcochuelo elaborado a base de un fermento que nadie sabe de dónde salió un día, pero que empezó a multiplicarse al circular en “cadena”.

No hay registros de esto. Pero los mayores de 40 años o de 30 -con mucha suerte- recordarán que a principios del 2000, esa delicia entraba a la casa como un simple engrudo. Era concedido por algún vecino, amigo o conocido, bajo la promesa sagrada de “no romper la cadena”. Pues así es como permaneció durante muchos años de familia en familia.

La masa se entregaba junto a una receta con instrucciones claras de cómo obtener un pan dulce, húmedo y esponjoso. Pero también una oración a San Cayetano, patrono del trabajo, y las indicaciones precisas para que el fermento siga circulando y llegue a la mayor cantidad de viviendas posibles. Pues de eso dependía su supervivencia.

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Diez días de elaboración

El fermento no era apto para ansiosos. Su periodo de preparación lo convertía en un alimento lo más alejado de la cocina “exprés” actual. Los más memoriosos dicen que el proceso duraba diez días.

En los primeros, la masa solo debía mezclarse con una cuchara de madera, pues estaba prohibido usar utensilios de metal y/o batidora. Además, se expresaba una intensión a San Cayetano.

Días después había que añadirle unos pocos ingredientes y luego esperar pacientemente a que la masa leudara. Es decir, algo similar a lo que hoy se conoce como el proceso de la “masa madre”.

Pasados los diez días, el fermento había cuadriplicado su volumen y estaba listo para ser dividido. Podrían bien salir cuatro bizcochuelos, claro. Pero la tradición exigía otra cosa.

La familia que había recibido la masa, tenía el compromiso de repartirla en cuatro partes. Una iba a ser completada con más ingredientes y horneada hasta obtener el pan dulce. Las otras tres tenían que ser entregadas a otras a tres familias para que continuaran con la cadena, replicando el procedimiento.

La receta

El sitio web Catolicus transcribe la que sería la receta precisa de cómo proceder al recibir el fermento. No obstante, se trata de las indicaciones que un sacerdote recibió de una mujer que le consultó si estaba bien seguir esta cadena.

El papel que le mostró decía lo siguiente:

1° día: Colocar la porción que recibes en un bool. Cubrir con repasador, no tocar con los dedos, no poner en la heladera, es leudante.
2° día: Agregar: 2 tazas de harina; 1 taza de azúcar; 1 taza de leche (revolver con cuchara de madera y taparlo hasta el día siguiente).
3° día: Agregar: 2 tazas de harina; 1 taza de azúcar; un poquito de leche, mezclar igual.
4° día: Separar la masa en 3 porciones (de 5 cucharaditas cada una y repartir a 3 personas que crean en San Cayetano, junto con una copia de este papel). Al resto de la masa, agregarle 2 tazas de harina, 1 de azúcar, 3 huevos, ralladura de limón, algunas nueces, pasas y ½ taza de aceite. Dejar reposar 10 minutos y cocinar en el horno. Pedir una gracia, rezar la oración a San Cayetano, un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria. Comer en familia y/o convidar a un amigo.

En Santiago del Estero, quienes solían preparar el pan obviaban varios de estos ingredientes, quizás porque la receta así lo expresaba. Lo que se conservaba a rajatabla era la tradición de elegir a tres personas para regalar las porciones obtenidas.

Una tradición extinta

Así como se desconoce cuándo y quien inició este ritual, es un misterio el cuándo y quien la terminó. No hay una vinculación de este fenómeno con la iglesia Católica, ni con sus rituales más tradicionales.

Sin embargo, ese bizcocho catalogado como “pan de San Cayetano”, era una clara representación de los lazos comunitarios entre los creyentes. Cada persona que recibía el fermento, no estaba recibiendo solo un bizcochuelo, sino las intenciones de un otro que anhelaban que en su casa no faltara el pan y el trabajo.

Etiquetaspan de San Cayetanocadena

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