Un informe de la UIA asegura que la industria sigue estancada y acumula una caída del 2% en lo que va del 2026
El reporte macroeconómico elaborado por la entidad fabril advierte sobre un prolongado estancamiento en los niveles de producción nacional.

La actividad industrial argentina continúa sin dar señales de recuperación firme durante el segundo semestre. Según el último relevamiento publicado por la Unión Industrial Argentina (UIA), el sector productivo sufrió una nueva retracción en el mes de julio y acumula un desplome del 2% en los primeros siete meses del año 2026.
El reporte macroeconómico elaborado por la entidad fabril advierte sobre un prolongado estancamiento en los niveles de producción nacional.
La combinación de una demanda interna deprimida, el incremento en los costos operativos en moneda extranjera y las altas tasas de interés continúan frenando la reactivación de las plantas manufactureras en todo el país.


Un escenario heterogéneo pero con balance negativo
El desempeño del entramado productivo mostró un comportamiento dispar según el rubro analizado, aunque el balance general sigue ubicándose en terreno negativo. Sectores clave como la construcción, la metalmecánica y la producción textil registraron las reducciones más severas en sus niveles de actividad en comparación con el mismo período del año anterior.
Por el contrario, solo algunos segmentos vinculados al procesamiento de alimentos, la energía y la minería lograron mantener cifras estables o ligeros incrementos interanuales. Sin embargo, estas mejoras puntuales no alcanzaron para compensar la caída generalizada que afecta a las pequeñas y medianas empresas industriales (PyMEs).
Caída en el empleo y baja en la utilización de la capacidad instalada
La paralización de la producción industrial comenzó a trasladarse de manera directa al mercado laboral del sector. El informe de la UIA señala que la contracción fabril derivó en suspensiones, adelantamiento de vacaciones y una paulatina reducción en la nómina de trabajadores registrados dentro de las cadenas manufactureras.
Asimismo, la utilización de la capacidad instalada en las fábricas se mantiene en niveles históricamente bajos. La baja operatividad implica que una parte sustancial de la maquinaria y la infraestructura industrial del país permanece ociosa, lo que desincentiva nuevas inversiones de capital para el resto del año.




