Cómo sería la "Ley Polaco": proponen transformar el legado de Riemersma en una política de protección animal
Entre los mensajes de despedida y dolor por la muerte de Eduardo “Polaco” Riemersma comenzó a tomar fuerza una propuesta: convertir su legado en una ley provincial que impulse la protección animal y la tenencia responsable.

La muerte de Eduardo “Polaco” Riemersma no solo provocó una ola de dolor y despedidas en Santiago del Estero. También abrió una pregunta que aparece cada vez con más fuerza entre quienes conocieron su trabajo: ¿cómo hacer para que su lucha por los animales continúe más allá de su propia figura?
En las redes sociales, entre los cientos de mensajes que recuerdan al proteccionista y su trabajo en El Montecito de los Canichones, comenzó a destacarse una propuesta concreta: crear una ley provincial que lleve su nombre y transforme parte de sus principales reclamos en políticas públicas.
Uno de los mensajes que más repercutió plantea directamente la creación de una denominada “Ley Polaco Riemersma” o “Ley Canichones”, que contemple medidas vinculadas con la tenencia responsable de animales.
“El mejor homenaje al Polaco Riemersma debería ser una ley provincial que lleve su nombre”, comienza el mensaje que circuló en redes.
La propuesta apunta a que una eventual legislación contemple registro e identificación de animales, vacunación, castraciones, campañas de educación y concientización, además de sanciones frente al abandono, el maltrato y la reproducción irresponsable.

El planteo parte de una de las realidades que quedó expuesta con mayor crudeza tras la muerte del proteccionista: los refugios están desbordados y gran parte de la responsabilidad termina recayendo sobre personas que, como el Polaco, sostienen durante años una tarea que excede ampliamente sus posibilidades individuales.
Los proyectos que el Polaco no llegó a concretar
La idea de una legislación tampoco aparece de manera aislada respecto de lo que Riemersma había proyectado para el futuro.
En una reciente entrevista con La Mañana de Info, Martín Cabral, referente de los guardavidas y amigo del Polaco, recordó algunos de los proyectos que tenía en mente.
Entre ellos estaba la posibilidad de avanzar hacia un hospital veterinario, además de impulsar campañas de castración masivas, dos iniciativas que apuntaban a atacar el problema de la sobrepoblación animal desde sus causas y no solamente desde la asistencia a los animales que ya se encuentran abandonados.

Es justamente en ese punto donde el pedido de una ley adquiere otra dimensión: que algunas de las ideas por las que Riemersma trabajó durante años puedan convertirse en políticas que no dependan exclusivamente de la voluntad o del esfuerzo de una persona.
“Era reacio a la política”
Sin embargo, existe una contradicción que también fue señalada por quienes estuvieron cerca de él.
Cabral recordó que el Polaco era “reacio a la política”, por lo que una iniciativa legislativa en su nombre no necesariamente representaría una continuación directa de su manera de entender la lucha.
Por eso, quienes impulsan la idea desde las redes remarcan que no se trata simplemente de bautizar una ley, sino de construir un proyecto que pueda ser presentado formalmente ante los organismos correspondientes, debatido y eventualmente convertido en una herramienta concreta de protección animal.
En los comentarios también aparecen voluntarios y proteccionistas que plantean la necesidad de que algún legislador, concejal o espacio vinculado a la protección animal tome la iniciativa y lleve el reclamo por las vías institucionales correspondientes.
Porque una ley de estas características no podría surgir únicamente de una consigna emotiva: necesitaría un proyecto, fundamentos, articulado, recursos y organismos responsables de su aplicación y control.
Mucho más que un refugio
El legado del Polaco tampoco se limita a la enorme tarea de sostener El Montecito de los Canichones, donde durante años llegó a albergar y asistir a cientos de animales.

Su trabajo incluyó además denuncias y acciones por casos de maltrato animal, acompañamiento de causas judiciales, campañas de concientización y educación, y una insistencia permanente en que quienes maltratan o abandonan animales deben asumir las consecuencias de sus actos.
Por eso, para quienes hoy piden una ley con su nombre, el homenaje no debería quedar reducido a una placa, una calle o un reconocimiento simbólico.
La propuesta que empieza a instalarse es que su nombre pueda quedar asociado a una política pública que continúe algunas de las batallas que dio durante años.
“Que su legado no termine con su partida. Que su nombre quede ligado para siempre a una ley que proteja a los animales y ayude a que ninguna persona tenga que cargar sola con una tarea tan enorme”, resume el mensaje que comenzó a circular entre las despedidas al proteccionista.
Ahora el desafío queda planteado para quienes tienen la posibilidad de transformar ese pedido en un proyecto formal: ¿puede el legado del Polaco convertirse en una política de Estado para la protección animal en Santiago del Estero?




