La Gaceta destacó a cuatro estudiantes santiagueñas que tuvieron una innovadora idea para combatir el calor
El medio tucumano puso el foco en Justina Barraza, Agustina Gómez, Angeline Meyer y Romina Ledesma, alumnas del Colegio San Francisco, quienes obtuvieron el primer premio en un concurso de ciencia y bionanotecnología con “Nanoescudo”.

Una historia nacida en Santiago del Estero volvió a trascender las fronteras provinciales. Esta vez, La Gaceta de Tucumán destacó el proyecto desarrollado por cuatro estudiantes santiagueñas que encontraron en la ciencia una posible respuesta a uno de los problemas que atraviesan a diario las familias de la provincia: las altas temperaturas.
Justina Barraza, Agustina Gómez, Angeline Meyer y Romina Ledesma son alumnas de quinto año del Colegio San Francisco y fueron reconocidas con el primer premio del concurso “Ciencia Santiagueña en Nanoescala para desafíos regionales”, organizado por el Instituto de Bionanotecnología del NOA (INBIONATEC), de doble dependencia UNSE-CONICET.
La propuesta que presentaron se llama “Nanoescudo” y surgió a partir de una problemática absolutamente cotidiana para cualquier santiagueño: cómo hacer frente al intenso calor sin depender exclusivamente de un equipo de aire acondicionado.
El proyecto plantea desarrollar un recubrimiento para techos y paredes que incorpore nanopartículas de dióxido de silicio y dióxido de titanio, con el objetivo de aprovechar sus propiedades para reflejar parte de la radiación solar y contribuir a disminuir la temperatura interior de las viviendas.
La historia fue recuperada por La Gaceta, que puso el acento en una pregunta tan sencilla como concreta: ¿cómo enfriar una casa sin aire acondicionado?. Desde esa problemática, las estudiantes comenzaron a investigar posibles alternativas y terminaron convirtiendo una preocupación cotidiana en una propuesta científica. La Gaceta de Tucumán — la historia de las cuatro estudiantes santiagueñas
Una solución pensada desde Santiago
El proyecto tiene además un fuerte componente social.
Las estudiantes entendieron que no todas las familias cuentan con los recursos necesarios para afrontar las altas temperaturas mediante sistemas de refrigeración. Por eso, buscaron una alternativa que pudiera aplicarse sobre las propias viviendas y que, eventualmente, ayudara a mejorar las condiciones térmicas de los hogares.
“Sabemos que mucha gente aquí en Santiago no tiene recursos para comprar un aire o un ventilador”, explicó Agustina Gómez, según recogió el medio tucumano.
La idea no nació de un laboratorio sofisticado ni de una empresa tecnológica. Nació en una escuela santiagueña, a partir de la observación de una realidad que las estudiantes conocen de primera mano.
De una problemática cotidiana a la nanotecnología
Antes de llegar a “Nanoescudo”, las jóvenes analizaron diferentes problemáticas que podían ser abordadas desde la ciencia. Entre las alternativas aparecieron cuestiones relacionadas con el dengue y la protección solar de trabajadores rurales.
Finalmente, decidieron concentrarse en el calor extremo.
A partir de allí comenzaron a investigar materiales y antecedentes científicos hasta llegar a la posibilidad de utilizar nanopartículas para desarrollar un recubrimiento capaz de ayudar a reducir el impacto de la radiación solar sobre las viviendas.
El proyecto, sin embargo, todavía se encuentra en una etapa conceptual. Es decir, no se trata de una tecnología terminada ni de un producto disponible en el mercado.
Para comprobar su efectividad serían necesarias pruebas de laboratorio, ensayos y diferentes etapas de investigación.
Pero precisamente allí radica uno de los mayores valores de la experiencia: las estudiantes tuvieron la posibilidad de acercarse al mundo de la investigación científica y plantear una hipótesis a partir de un problema concreto.
El premio que abrió las puertas de la ciencia
El reconocimiento obtenido en el concurso también les permitió conocer de cerca el trabajo que se desarrolla en el INBIONATEC.
Las alumnas recorrieron laboratorios y pudieron observar el trabajo de investigadores y becarios, una experiencia que les permitió acercarse a un ámbito que muchas veces parece lejano para quienes todavía transitan la escuela secundaria.
El contacto con los investigadores también dejó una enseñanza que va más allá del propio proyecto: la ciencia no es algo reservado exclusivamente para grandes universidades o centros de investigación de otras provincias. También puede comenzar en una escuela de Santiago del Estero.
Una de las estudiantes, Justina Barraza, incluso proyecta continuar su formación universitaria vinculada con el área científica, luego de haber encontrado en las Olimpiadas de Biología y en experiencias como esta una motivación para seguir ese camino.
El orgullo santiagueño que trascendió la provincia
La repercusión que tuvo la historia en La Gaceta de Tucumán vuelve a poner en escena el talento de jóvenes santiagueños que encuentran en la educación y la ciencia herramientas para transformar su realidad.
Cuatro estudiantes observaron un problema que forma parte de la vida cotidiana de Santiago del Estero, se hicieron una pregunta y decidieron buscar una respuesta.
El “Nanoescudo” todavía tiene mucho camino por recorrer y deberá ser probado científicamente antes de saber si algún día puede convertirse en una solución concreta. Pero sus creadoras ya consiguieron algo que no es menor: transformar el calor santiagueño en una oportunidad para aprender, investigar e imaginar.
Y esta vez, fue un medio de otra provincia, La Gaceta de Tucumán, el que puso el foco sobre cuatro jóvenes santiagueñas que empiezan a demostrar que las grandes ideas también pueden nacer en nuestras escuelas.




