En el Caos de Oshko Herrera, el hombre detrás del humor: “Trato de tener los pies en la tierra porque cuanto más te metes en el mundo del entretenimiento, más te alejas de la realidad”
El realizador audiovisual y creador de contenidos pasó por el ciclo de Info Stream y habló de sus comienzos, el proceso detrás de sus videos y la importancia de reivindicar la tonada santiagueña. También reflexionó sobre el éxito, las redes sociales y la necesidad de disfrutar el presente.

Detrás de los videos que hacen reír a millones de personas hay mucho más que ocurrencias y situaciones cotidianas. Hay años de aprendizaje, observación y trabajo creativo, pero también una identidad que, lejos de esconderse, puede convertirse en una marca propia.
De eso habló Óscar “Oshko” Herrera en su paso por En el Caos, el ciclo de Info Stream, donde repasó su recorrido en el mundo audiovisual, desde las tardes de infancia escuchando casetes de humor hasta la construcción de un estilo propio que conecta con distintas generaciones.
En una charla distendida, el realizador santiagueño compartió su mirada sobre el humor, explicó cómo entiende la creatividad y puso sobre la mesa una cuestión que lo acompaña desde sus primeras experiencias en medios nacionales: el orgullo de hablar y mostrarse tal como es, sin renunciar a la identidad norteña.
De los casetes de humor a crear contenido propio
La historia de Oshko con el humor comenzó mucho antes de las redes sociales. Durante su infancia, pasó largas horas escuchando a referentes como Pochi Chávez, hasta memorizar sus chistes, sus pausas y el ritmo de cada remate.
Criado por su abuela hasta los 11 años y rodeado de tíos jóvenes, creció en un ambiente familiar donde las bromas y la rapidez para responder formaban parte de la vida cotidiana.
“En mi familia siempre ha habido cierta chispa”, recordó al explicar cómo esa facilidad para absorber información terminó convirtiéndose en una herramienta para crear.
De chico, repetía los chistes que escuchaba en los casetes durante las reuniones familiares. No solo recordaba lo que decían los humoristas: también reproducía los tiempos y las pausas que hacían funcionar cada ocurrencia.

Con la llegada de la computadora a su casa, a principios de los años 2000, y el descubrimiento de YouTube en 2007, encontró otra forma de canalizar esa inquietud. Aprendió a editar de manera autodidacta y comenzó a explorar las posibilidades de la producción audiovisual.
Lo que en un principio era curiosidad se transformó, con el tiempo, en una forma de contar historias y conectar con el público.
Cómo funciona la creatividad detrás de un video
Para Oshko, la creatividad no aparece de la nada ni depende exclusivamente de tener una buena idea. Es un proceso que se construye a partir de lo que uno aprende, observa y experimenta.
Durante la entrevista, explicó que su manera de entender la creación tiene tres etapas: absorber conocimientos, copiar para aprender y, finalmente, transformar esas influencias en algo propio.
“Copiar para aprender no está mal; sirve para ir formándote y darle tu propia impronta”, sostuvo.
La idea también permite entender cómo fue desarrollando un estilo que combina referencias culturales, situaciones reconocibles y distintos niveles de humor.
Oshko lo define como un “humor en capas”: videos que pueden entretener a personas de distintas edades, aunque cada una encuentre algo diferente.
“Un video popular que le pueda gustar a un chico de siete años, a alguien de cincuenta y a tu mamá es algo que me tomó años desarrollar”, explicó.
La clave está en construir una historia entretenida de principio a fin y sumar guiños que no todos necesariamente van a reconocer. Una referencia a una canción vieja, una experiencia escolar o una costumbre de determinada época puede generar una segunda lectura para quienes comparten ese código cultural.
Así, una misma pieza puede funcionar para públicos diferentes sin perder su sentido principal.
La tonada santiagueña como bandera
Uno de los momentos más interesantes de la charla llegó cuando recordó las críticas que recibió por su forma de hablar.
En 2016, cuando comenzó a trabajar como movilero para la Televisión Pública en coberturas nacionales, se encontró con una situación particular: mientras su tonada era bien recibida en otros lugares, en Santiago del Estero algunos usuarios cuestionaban sus modismos y su manera de expresarse.
“Una de mis luchas más grandes es que el santiagueño —y el norteño en general— deje de tener esa baja autoestima que ha tenido toda la vida solo por ser del Norte”, afirmó.
Las críticas en redes sociales por hablar “como shalaco” lo llevaron a preguntarse por qué debía modificar una característica tan propia para adaptarse a determinados estándares.
“¿Pero cómo no voy a hablar así si hablo como habla todo el mundo acá?”, recordó que pensaba en aquel momento.
Con el crecimiento de las plataformas digitales, esa autenticidad también se convirtió en una oportunidad. La tonada, las expresiones locales y las referencias culturales dejaron de ser algo que algunos pretendían corregir para transformarse en parte de una identidad reconocible.

Su mirada sobre la región también se refleja en los contenidos de viajes. Oshko explicó que prefiere mostrar los paisajes, las personas y los aspectos positivos de cada lugar, en vez de concentrarse en lo negativo para generar repercusión.
“No me gusta ir a un lugar y mostrar lo feo o el basural que hay al lado cuando tenés una montaña hermosa o gente buena para mostrar”, señaló.
Para el realizador, contar una historia también implica elegir desde dónde se la cuenta. Y esa elección puede contribuir a construir una mirada diferente sobre el Norte argentino.
Por qué no se define como influencer
Aunque su trabajo está ligado a las plataformas digitales y al alcance de sus publicaciones, Oshko no se siente cómodo con la etiqueta de influencer.
Prefiere definirse como productor audiovisual, una denominación que pone el foco en el trabajo que hay detrás de cada contenido y no solamente en la cantidad de seguidores o reproducciones.
“Trato de tener los pies en la tierra porque cuanto más te metes en el mundo del entretenimiento, más te alejas de la realidad”, reflexionó.
Por eso, reivindica las actividades cotidianas: ir al supermercado, jugar al básquet con sus amigos o caminar por el parque. Para él, mantener ese contacto con la vida fuera de las pantallas es una manera de seguir conectado con lo que le pasa a la gente.
La reflexión también invita a mirar más allá de la lógica de la viralidad, en un entorno digital donde la exposición constante puede convertirse en una exigencia y donde el éxito parece medirse, muchas veces, en números.
Vivir el presente sin correr detrás del éxito
Hacia el final de la conversación en En el Caos, Oshko compartió una reflexión sobre el camino recorrido y la forma en que elige mirar hacia adelante.
Lejos de plantear el éxito como una carrera interminable, sostuvo que valora haber podido hacer muchas de las cosas que se propuso y que intenta no quedar atrapado en la preocupación por lo que vendrá.
“Yo sé que si hoy me muero, muero de diez, porque todo lo que he querido hacer en la vida lo he hecho”, expresó.
Su planteo no apunta a dejar de proyectar ni a renunciar a nuevos objetivos, sino a evitar que la ansiedad por el futuro impida disfrutar lo que sucede en el presente.
“Trato de vivir mucho el presente; el exceso de futuro genera ansiedad. Si te movés y estás activo, las cosas siempre llegan”, concluyó.
La visita de Oshko Herrera a En el Caos dejó una mirada sobre el humor que va más allá de hacer reír. Su recorrido muestra cómo la observación, el aprendizaje y la constancia pueden convertirse en una forma de expresión propia, pero también cómo una identidad local puede cruzar fronteras sin necesidad de disimular sus rasgos.
Porque, en su caso, la tonada santiagueña no es un detalle que haya que corregir: es parte de lo que tiene para contar.




