Según un reciente informe de la consultora Fidelitas, la cantidad de cheques rechazados por falta de fondos durante el primer bimestre de 2026 escaló hasta alcanzar niveles que no se registraban desde el pico de la pandemia de COVID-19.
Diciembre cerró con un récord histórico de 97.612 documentos rechazados, seguido por enero con 89.352 y febrero con 86.350. Estos datos no solo superan la media histórica, sino que confirman que la tensión financiera sobre las empresas —especialmente las pymes— está en un punto crítico.
Si bien el uso del cheque físico fue perdiendo terreno frente a los medios digitales, sigue siendo la herramienta útil de las pequeñas y medianas empresas. Al medir el impacto en dólares, la preocupación aumenta, ya que en diciembre 2025, hubo u$s198,8 millones en montos rechazados; en enero 2026, u$s175,7 millones y en febrero 2026, u$s172,8 millones.
Vale destacar que la media histórica solía ubicarse por debajo de los u$s30 millones mensuales. En el último trimestre, esa cifra se sextuplicó, superando con creces los u$s180 millones promedio.
El informe de Fidelitas pone la lupa sobre sectores específicos donde la cadena de pagos parece estar rompiéndose. La morosidad en estos rubros es alarmante. El molinería presenta 43,3% de mora; el de cueros, 40,7%; el de muebles, 7,9%; el de indumentaria, 7,7% y el de construcción, 6,1%.
pymes son proveedoras clave de las grandes industrias; de modo que si un eslabón falla, el impacto se traslada hacia arriba en forma de retrasos en la producción, quiebres de stock e interrupciones operativas sistémicas. Es lo que los especialistas llaman un riesgo de supply chain (cadena de suministro) que trasciende la solvencia individual de cada firma.
