En tiempos donde todo parece medirse en productividad, plazos y estabilidad, la historia de Magui Tkachuk y Estefano Cipolatti incomoda un poco. Y esa incomodidad —dicen— fue justamente el motor.
De visita en La Mañana de Info, la pareja compartió con Luana, Leo y Maru el detrás de una decisión que no nació de un impulso romántico, sino de una incomodidad persistente: la sensación de estar viviendo una vida que no terminaba de cerrar. Y que va a cambiar el proximo 3 de mayo.

“Hace tiempo sentíamos que queríamos hacer algo más”, contó Magui. No era falta de trabajo ni de oportunidades. Ella venía incursionando en distintos proyectos y Estefano trabajaba en un banco. Incluso habían dado un salto importante: vivir un tiempo en Europa. Pero algo no encajaba. “No nos estábamos sintiendo bien en la rutina”, resumieron.
La idea de viajar en bicicleta no apareció de un día para el otro. La vienen construyendo hace dos años. Pensada, conversada, dudada. Porque no es menor lo que están por hacer: recorrer unos 15 mil kilómetros desde Santiago del Estero hasta México.
Y ahí aparece una primera contradicción interesante: no es solo una aventura, es una ruptura. Con la lógica del tiempo, del trabajo tradicional, de la seguridad. “Queríamos ir sin el paradigma del tiempo soplándote en la nuca”, explicaron. Traducido: dejar de vivir corriendo atrás de un reloj que define cuánto valen tus decisiones.
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México no fue un destino elegido al azar. Durante su paso por Dinamarca conocieron a muchas personas de ese país, y eso les despertó la curiosidad. Pero más que el punto de llegada, lo que importa es el trayecto.
La reacción de la familia
No todos a su alrededor reaccionaron con entusiasmo. “Nos preguntaban si era joda… y eso también nos hacía dudar más”, contaron entre risas. Porque hay algo incómodo en ver a alguien salirse del guion: obliga a preguntarse por qué uno no lo hace.
Y ahí está el núcleo de esta historia: no es solo un viaje, es una pregunta abierta. “Salir de la zona de confort. Preguntarte: ¿esto es lo que quiero?”, dijeron. Sin épica exagerada. Con algo más honesto: “También tenemos miedo”.

Arrancan con ahorros, pero saben que eso no alcanza. Por eso también están explorando nuevas formas de sustentarse mientras viajan. No tienen todo resuelto. Y eso, lejos de ser un problema, parece ser parte del sentido.
Se inspiran en otros viajeros, y ya comenzaron a construir su propia comunidad a través de redes, donde comparten el proceso bajo el nombre parandoentodoslados.
Ahora, la pregunta incómoda no es para ellos —que ya decidieron— sino para quien escucha: ¿cuánto de lo que hacemos es realmente elección y cuánto es inercia?
