¿Moda, resistencia o negocio? Un análisis polémico sobre el auge de los símbolos patrios

El análisis de Walter Ortiz Vieyra pone el foco en una tendencia que se expandió en los últimos años: la utilización masiva de símbolos patrios en prendas de vestir, productos y discursos sociales. Para el autor, lejos de tratarse de un movimiento espontáneo de resistencia cultural o política, el fenómeno estaría más vinculado a una lógica comercial que a una reivindicación real del patriotismo.

Ortiz Vieyra sostiene que el contexto argentino actual muestra una sociedad “adormecida” en términos de acción política, donde la clase media y los sectores trabajadores aparecen distantes de los niveles de movilización social que en otros momentos históricos marcaron el rumbo del país. En este marco, el uso masivo de símbolos nacionales no representaría necesariamente un gesto de resistencia, sino que funcionaría más como una respuesta a la demanda de mercado.

El texto traza un paralelo con la campaña “Make America Great Again”, asociada al expresidente de Estados Unidos Donald Trump, y su adaptación local en discursos como “Hagamos grande a Argentina otra vez”, expresión que, según el autor, apela a un pasado que no necesariamente fue favorable para las clases trabajadoras. En esa comparación, plantea que se construye una narrativa nostálgica que simplifica debates complejos.

El fenómeno de lo que denomina “neoargentinidad” se manifiesta, según el análisis, en la presencia constante de banderas, soles nacionales, mates, bombos y otros elementos simbólicos. Sin embargo, advierte que estas representaciones pueden ser utilizadas por distintos sectores ideológicos como una forma de neutralidad aparente, desprovista de contenido político profundo.

En este escenario, el autor plantea una crítica al consumo acrítico: una sociedad que compra más, reflexiona menos y evita confrontar tensiones políticas, refugiándose en una identidad visual que no siempre va acompañada de un compromiso real. La búsqueda de pertenencia a través de símbolos patrios, señala, podría responder más a una necesidad de identidad que a una toma de posición consciente.

En definitiva, el debate queda abierto: ¿estamos ante una recuperación genuina del orgullo nacional o ante una tendencia impulsada por el mercado y amplificada por la despolitización social?

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