En un movimiento que marca un antes y un después en la política exterior argentina, el Gobierno endureció drásticamente su postura ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Durante el Debate Abierto del Consejo de Seguridad, el canciller Pablo Quirno pronunció un discurso clave en el que impugnó el funcionamiento actual de los organismos multilaterales, acusándolos de sostener “burocracias eternas” desconectadas de las verdaderas prioridades de los Estados.
Sintonizado con la “batalla cultural” del presidente Javier Milei, Quirno afirmó que la organización ha perdido el rumbo y necesita de manera urgente una “brújula moral”. En este sentido, el diplomático exigió reformas estructurales profundas en el Consejo de Seguridad para reposicionar la vida, la libertad y la propiedad privada como los pilares fundamentales de la convivencia internacional, advirtiendo que las instituciones que no se adapten “caminan hacia la irrelevancia”.
Como parte de esta estrategia de renovación, Argentina formalizó su propuesta para que Rafael Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), asuma la Secretaría General de la ONU, destacando su solvencia técnica como el liderazgo que demanda el contexto actual. En paralelo al debate, el canciller desplegó una intensa agenda bilateral que incluyó reuniones estratégicas con sus pares de la República Checa, Indonesia, Liberia, Bahréin y Panamá, además de un encuentro programado con el influyente ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi.
