“Un sacerdote no es un robot”: el padre Facundo Gallego cuenta cómo es la vida detrás de la sotana
Facundo Gallego.
En el Día del Párroco, el padre Facundo Gallego habló sobre la vocación sacerdotal, el largo camino de formación, la tarea diaria frente a una comunidad y la importancia de humanizar la imagen de los curas: "también somos personas que nos cansamos, que disfrutamos, que tenemos amigos y necesidades".

POR LUCIANA SPOSETTI.

El padre Facundo Gallego tiene 31 años y actualmente está al frente de la parroquia Nuestra Señora del Pilar, en el barrio Autonomía de la ciudad de Santiago del Estero. Además, se desempeña como responsable de la Pastoral de Jóvenes de la Arquidiócesis de Santiago del Estero.

La historia personal del Padre Facu comenzó con una pregunta que apareció luego de terminar la secundaria. Aunque sintió una inquietud por el sacerdocio, en un primer momento decidió continuar otro camino. De hecho, ingresó a la Licenciatura en Química y llegó a cursar un año de esa carrera.

Sin embargo, mientras seguía acercándose a la Iglesia y conociendo testimonios de sacerdotes, comenzó a preguntarse si ese era realmente el camino que debía seguir. “Empezó a cuestionarme un poco mi camino, hasta que me animé a hablarlo con un sacerdote en junio de 2013”, recordó.

A partir de ese momento inició un proceso de discernimiento espiritual acompañado por un sacerdote que lo escuchó y lo guió para descubrir si existía una verdadera vocación sacerdotal. Finalmente, el 19 de marzo de 2014 ingresó al Seminario Mayor de Santiago del Estero.

Desde entonces inició una formación que continuó hasta 2022, cuando finalizó sus estudios de Teología en el seminario de Tucumán. Durante ese recorrido obtuvo el título de profesor de Filosofía y el bachillerato en Teología. En 2023 comenzó su experiencia pastoral en una parroquia de Fernández, mientras esperaba su ordenación diaconal, que recibió el 1 de septiembre de 2024.

El 1 de agosto de 2025 recibió la ordenación sacerdotal. Hace pocos días celebró su primer aniversario como sacerdote.

Cómo se prepara un sacerdote

El padre Facundo explicó que la formación no se limita únicamente al estudio. Además del aspecto intelectual, los futuros sacerdotes atraviesan un proceso que incluye cuatro dimensiones fundamentales: humana, espiritual, pastoral y comunitaria. “Todas tienen que estar en equilibrio para que haya una buena formación”, señaló.

También explicó que durante ese camino suelen existir etapas como el lectorado y el acolitado, antes de llegar al diaconado, que constituye parte del orden sagrado previo al sacerdocio. Para él, la ordenación sacerdotal no representa un punto final, sino el comienzo de una nueva etapa. “Algunos le dicen el último escalón, pero en realidad es uno de tantos. Es un puntapié inicial para una aventura de vida muy grande”, expresó.

La rutina de un párroco: escuchar, acompañar y estar presente

El Padre Facu explicó que el día a día de un sacerdote depende mucho de la realidad de cada comunidad: no es igual una parroquia céntrica, una parroquia de barrio o una comunidad rural. También señaló que existen sacerdotes que combinan su ministerio con otras actividades, como la enseñanza, la formación en seminarios, la investigación teológica o distintos oficios.

“Conozco curas que son herreros, carpinteros, sacerdotes que tienen hobbies, que les gusta pescar o la fotografía”, contó. En su caso particular, aseguró que una característica central de su vocación es la escucha.

Durante las mañanas suele dedicarse a trámites parroquiales, pero también a recibir personas que necesitan hablar o encontrar acompañamiento espiritual. Las celebraciones de misa, la adoración eucarística, la oración diaria y la administración de sacramentos forman parte de su rutina. Además, como atiende una comunidad que combina sectores urbanos y rurales, dedica un día completo a visitar zonas de campo, compartir con las familias y acercar los sacramentos.

El sacerdote detrás de la imagen: “también somos personas”

Para el párroco, uno de los conceptos que más necesita cambiar es la idea de que un sacerdote debe estar siempre disponible, sin cansancio ni necesidades personales. “Creo que la manera equivocada es ver a un sacerdote como un robot, como una máquina que tiene que estar a full constantemente, solucionando todo”, afirmó.

Según explicó, esa imagen idealizada puede ser construida tanto por la sociedad como por los propios sacerdotes. “También somos personas. Somos gente que se cansa, que se estresa, que ama mucho, que disfruta, que tiene amigos y que tiene necesidades”, expresó.

En ese sentido, remarcó la importancia de humanizar la figura del sacerdote y entender que el descanso y los espacios personales también forman parte de una vida equilibrada. Él mismo encuentra esos momentos en actividades que disfruta, como andar en bicicleta, participar de un taller de teatro y escribir cuentos. “Creo que eso también nos ayuda a recordar que somos humanos”, concluyó.

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