Un pueblo quedó en shock: 700 despidos en Granja Tres Arroyos desatan ollas populares y familias que ya piensan en irse
Capitán Sarmiento quedó sumida en la incertidumbre luego de que más de 700 trabajadores de Granja Tres Arroyos perdieran sus empleos. En una ciudad de apenas 15.000 habitantes, el impacto excede a las familias despedidas y alcanza a comercios, escuelas y a toda la economía local.

Capitán Sarmiento atraviesa días de profunda tristeza e incertidumbre. En una ciudad bonaerense de unos 15.000 habitantes, más de 700 trabajadores de Granja Tres Arroyos fueron despedidos en apenas una semana, en medio de una crisis que mantiene paralizada a la planta avícola y que amenaza con modificar por completo la vida cotidiana de la comunidad.
El impacto es enorme: más de 1.000 personas trabajaban en la planta, que durante casi tres décadas se convirtió en uno de los principales motores económicos de la ciudad. Los salarios de sus trabajadores y las compras de la empresa sostenían buena parte de la actividad comercial local.
Ahora, cientos de familias se preguntan cómo afrontar los próximos meses. Alquileres, servicios, alimentos, colegios y gastos cotidianos aparecen como preocupaciones urgentes para trabajadores que, en muchos casos, llevaban más de 20 años vinculados con la empresa.
La crisis también golpea a quienes llegaron a Capitán Sarmiento desde otras localidades para trabajar en la planta. Sin empleo y ante la falta de alternativas, algunas familias ya evalúan abandonar la ciudad en busca de nuevas oportunidades.
El drama alcanza incluso a los chicos. Familias que durante años construyeron su vida en la localidad ahora analizan mudarse, lo que podría implicar cambios de escuela y el desarraigo de niños y adolescentes.
Uno de los casos que más conmocionó a la comunidad es el de un trabajador que fue desalojado de su vivienda y terminó durmiendo durante varias noches dentro de su automóvil, un Renault 12 estacionado frente a la propia fábrica.

Una crisis que terminó de explotar
La situación de Granja Tres Arroyos venía deteriorándose desde hacía meses. La empresa acumulaba deudas salariales y los trabajadores denunciaban el atraso en el pago de aproximadamente dos meses y medio de sueldos, además del aguinaldo y las vacaciones.
El domingo 30 de agosto, un comunicado interno terminó de confirmar los peores pronósticos. La compañía informó que las tareas operativas de la planta permanecerían suspendidas desde el lunes 1° de septiembre, argumentando problemas vinculados al suministro eléctrico y otras dificultades operativas y productivas.
A partir de allí comenzaron a llegar los telegramas de despido.
Fueron más de 700 los trabajadores desvinculados: unos 554 pertenecientes a Capitán Sarmiento y alrededor de 150 de localidades cercanas.
Muchos quedaron sin trabajo, sin obra social y con incertidumbre respecto del cobro de las indemnizaciones. Para quienes dedicaron décadas a la empresa, el golpe no es solamente económico: implica perder de un día para otro una fuente laboral que formaba parte de su proyecto de vida.
Mientras tanto, alrededor de 300 trabajadores permanecen vinculados a la planta, aunque viven con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá con sus puestos.
Ollas populares y solidaridad
Frente a la magnitud de la crisis, la comunidad comenzó a organizarse para intentar contener a las familias afectadas.
Se multiplicaron las iniciativas solidarias y las colectas de alimentos, pañales, productos de higiene y otros elementos básicos. También surgieron ollas populares destinadas a quienes quedaron sin ingresos.
En un pueblo donde prácticamente todos tienen algún vínculo con la planta —por familiares, amigos, vecinos o comercios— la crisis de Granja Tres Arroyos se transformó en un problema colectivo.
La preocupación no se limita a quienes recibieron un telegrama. Comerciantes y trabajadores de otros sectores también observan con temor lo que puede ocurrir cuando cientos de familias dejan de percibir sus salarios.
“De alguna manera vamos a hacer los cumpleaños”, es una de las frases que circulan en medio de la angustia. Una expresión que resume el esfuerzo de una comunidad que intenta sostener, dentro de sus posibilidades, una cierta normalidad mientras muchas familias atraviesan uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Incertidumbre por el futuro de la planta
En paralelo, la situación empresarial continúa rodeada de interrogantes.
El Ministerio de Trabajo bonaerense dictó una conciliación obligatoria por 15 días, aunque los trabajadores denuncian que la empresa no acató la medida.
La planta retomó parcialmente la actividad, pero solamente con la elaboración de subproductos y mediante un grupo electrógeno, debido a la falta de suministro eléctrico.
Según trascendió, la empresa acumula una deuda superior a los $2.000 millones y estaría preparando un pedido de concurso de acreedores. La intención de la familia De Grazia sería reducir la estructura de la planta, ordenar sus finanzas y recuperar progresivamente la producción.
También circulan versiones sobre una eventual venta de la empresa, aunque por el momento no existen certezas sobre cuál será el destino definitivo de la planta.
Mientras las negociaciones avanzan, Capitán Sarmiento espera respuestas.
Por ahora, el saldo más concreto de la crisis son cientos de familias sin ingresos, trabajadores que no saben qué pasará con su futuro y un pueblo entero que intenta sostenerse frente a un golpe económico que, por su magnitud, excede ampliamente a las paredes de una fábrica.




