De la tensión a la coordinación: cuando un equipo aprende a trabajar junto

**Por Cecilia Inés Russo

Hay un momento muy interesante en la evolución de los equipos.

Sucede después de las primeras conversaciones difíciles. Después de que empiezan a aparecer diferencias reales. Después de atravesar algunos conflictos y dejar de sostener armonías artificiales. Muchos equipos creen que cuando llegan ahí, lo más difícil ya pasó. Y sin embargo, ahí comienza otro desafío. Aprender a coordinar.

Recuerdo especialmente un equipo con el que trabajé durante varios meses. Habían logrado algo que no siempre es sencillo: empezar a hablar de aquello que antes evitaban. Las conversaciones eran más honestas, había mayor apertura, podían expresar desacuerdos y aparecía más confianza interpersonal, Sin embargo, algo seguía sin funcionar.

Las reuniones eran largas. Los acuerdos quedaban difusos. Había tareas que se duplicaban mientras otras quedaban vacías. Algunas personas terminaban sobrecargadas y otras sentían que no sabían exactamente qué se esperaba de ellas. En ese contexto, apareció una frase que escucho con mucha frecuencia: “Conversamos mucho, pero avanzamos poco.”

Coworkers working together in the office with the help of technology

Lo que ese equipo estaba descubriendo es algo que aparece en muchos procesos de evolución. Hablar del conflicto, limar asperezas, acercar puntos de vista, no alcanza. Después del conflicto viene otro aprendizaje: coordinar.

Muchas veces pensamos la coordinación como algo operativo o administrativo. Como planillas, cronogramas o distribución de tareas. Pero en los equipos, coordinar es mucho más profundo.

Coordinar significa construir acuerdos explícitos. Significa hacer visibles expectativas que antes permanecían implícitas. Significa transformar supuestos en conversaciones.

Porque una enorme cantidad de problemas de coordinación no aparecen por mala intención. Aparecen porque las personas interpretan distinto. Lo que para alguien era obvio, para otro nunca estuvo claro. Lo que uno entendió como compromiso, otro lo vivió como posibilidad. Lo que alguien creyó delegado, otro pensó que seguía siendo responsabilidad compartida.

Y entonces empiezan a aparecer estos pequeños síntomas que muchas veces son pasamos por alto: Pedidos que nunca terminan de hacerse explícitos. Compromisos ambiguos. Decisiones que vuelven una y otra vez. Responsabilidades difusas. Reuniones donde todos salen con interpretaciones distintas.

Cuando esto ocurre, el equipo suele cansarse. No porque falte voluntad. Lo que sucede es que coordinar mal consume muchísima energía. Y darnos cuenta de esto habilita la posibilidad de dar un gran paso como equipo. Aprender a hacer acuerdos efectivos; a coordinarnos.

Cuando los equipos empiezan a coordinar mejor, las reuniones recuperan valor. Dejan de ser espacios informativos o lugares donde simplemente se repasan pendientes. Vuelven a convertirse en espacios para pensar juntos. Aparecen perspectivas distintas. Las decisiones se construyen colectivamente. Las conversaciones dejan de resolverse únicamente entre algunos actores o por fuera de los espacios compartidos. El equipo vuelve a usar el espacio colectivo para producir inteligencia.

Coordinar es diseñar conversaciones, construir acuerdos y hacer explícito aquello que muchas veces queda librado a interpretaciones. Y cuando esos acuerdos empiezan a aparecer, el sistema cambia. Sale de la dinámica del control y comienza a emerger otra dinámica relacional.

Empieza a haber más claridad. Más confianza. Menos energía desperdiciada en suposiciones. Las personas pueden anticipar mejor, pedir ayuda antes, asumir compromisos más claros y sostener mayor autonomía. El trabajo deja de depender únicamente de la buena voluntad y empieza a sostenerse en acuerdos compartidos.

Porque aprender a coordinar no es solamente una habilidad operativa. Es un paso evolutivo.

Es una señal de que el equipo está desarrollando algo nuevo: capacidad para organizar la complejidad sin perder vínculo, diversidad ni propósito compartido.

Quizás por eso, cuando un equipo logra coordinar mejor, no solo trabaja distinto.
Empieza a convertirse en algo distinto.

Cecilia Inés Russo
Master Coach Ontológico Profesional
Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría

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