El tradicional asado argentino experimenta un retroceso histórico debido a la crisis económica, llevando el consumo de carne vacuna en el país a un piso de 44,5 kilos anuales por persona, la cifra más baja registrada en las últimas dos décadas.
Esta fuerte retracción responde de manera directa a la pérdida del poder adquisitivo frente a una inflación persistente, el estancamiento de los salarios y el fuerte incremento en las góndolas, donde el precio promedio del kilo ya ronda los 18.500 pesos. A este escenario se le suma una caída del 9,1% interanual en la producción interna entre enero y febrero, lo que redujo la disponibilidad en los mostradores mientras los frigoríficos vuelcan un mayor volumen de sus ventas hacia el mercado de exportación.
La imposibilidad de sostener el consumo vacuno impulsó una transformación estructural en la dieta nacional, obligando a las familias a volcarse hacia opciones más accesibles. Por primera vez, el pollo se consolidó como la principal proteína animal del país al superar los 49 kilos por habitante al año, secundado por un auge histórico en la carne de cerdo, que se posiciona como una alternativa un 30% más económica.
Ante este panorama de ventas lentas, los carniceros locales señalan que la única alternativa para subsistir en los barrios es ajustar al máximo sus márgenes de ganancia para intentar retener a una clientela que cuida el bolsillo más que nunca.
