En un fuerte giro para la macroeconomía argentina, las reservas internacionales del Banco Central experimentaron una escalada histórica y alcanzaron su nivel más elevado en los últimos siete años.
Este salto se logró gracias a una agresiva estrategia de acumulación de divisas por parte de la autoridad monetaria, impulsada por las constantes liquidaciones del sector agroexportador, un estricto control del flujo cambiario y el ingreso de fondos frescos derivados de las últimas negociaciones con organismos multilaterales de crédito.
La consolidación de este colchón de dólares le devuelve al Banco Central un poder de fuego clave que no se observaba desde las turbulencias financieras de finales de 2019. El fortalecimiento de las arcas públicas no solo actúa como un potente escudo contra las presiones devaluatorias y las recurrentes corridas contra el peso, sino que también le da al Gobierno un margen de maniobra inédito para avanzar de manera firme en su ambicioso plan de flexibilización del cepo cambiario y normalización de la deuda comercial, enviando una fuerte señal de estabilidad y previsibilidad que ya empezó a impactar positivamente en la confianza de los mercados financieros internacionales.
