*Por Silvina Gómez
Era madrugada en Argentina cuando el Vaticano comunicaba que el Papa Francisco, el primer argentino y latinoamericano en ocupar el lugar de San Pedro había fallecido. Una crónica anunciada por los problemas de salud que acarreaba en el último tiempo, pero que nadie quería escuchar.
El hombre que llegó a Roma con apenas una maleta y un boleto de vuelta a su país en marzo de 2013 había cumplido con su misión de pastorear a la Iglesia Católica. Durante 12 años, sus mensajes y palabras recorrieron los confines del mundo logrando lo que pocos Pontífices en la historia: que lo respeten todas las religiones y que los líderes mundiales lo escuchen.
Durante su papado, Francisco totalizó 47 viajes internacionales por 66 países en todos los continentes y recorrió casi 470 mil kilómetros. No volvió a la Argentina, y aunque pasó 76 de sus 88 años en esta tierra, aún resuenan los reclamos y la “grieta” de quienes lo señalaban por no volver. “Nadie es profeta en su tierra”, dice el Evangelio de San Lucas, y él que la mayor parte de su vida había vivido entre argentinos, entendía muy bien esa necesidad que tenemos de confrontar al extremo de lo inexplicable cuando no validan lo que queremos.

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Resistido por los que después lo lloraron, Francisco marcó el rumbo de la iglesia con pronunciamientos que hoy son bandera. Habló de la “Iglesia para los pobres”, de la “Iglesia en salida”, le pidió a los jóvenes que “hagan lío”, se pronunció sobre las injusticias de la economía mundial, la responsabilidad de los poderosos y la lucha de los pobres y marginados por sus derechos, sobre los derechos humanos en general, pero también sobre el cuidado “de la casa común” y el medio ambiente, la ecología integral y la condena permanente de la guerra, promoviendo la paz.
Fue austero, rompió protocolos y mantuvo una vida apartada de los lujos hasta su muerte. Abrió puentes de diálogo con los excluidos, recibió a miembros de la comunidad LGBT, quienes lo acompañaron hasta su última morada. Bregó por los sin techo, los invitó a su mesa y no se olvidó de sus amigos.
Sus amigos sacerdotes como el padre “Pepe” Di Paola, el padre Joaquín Giangreco y tantos otros más con los que caminó las villas cuando era Cardenal no se sorprendían cuando un día cualquiera recibían el llamado de Francisco. Cartas, mensajes grabados cada vez que lo visitaban en Roma, audios para los fieles… Francisco siempre estaba.
Por eso todavía lo lloramos. Francisco amaba profundamente a la Argentina. Estaba al tanto de la realidad política, económica y social. Nunca se alejó.
Y también amó profundamente a Santiago del Estero
Como si ser “Madre de Ciudades” no fuera suficiente, Santiago del Estero estuvo siempre en el mapa sentimental de Francisco. No solo durante su Pontificado se acordó de este suelo, estuvo aquí como Cardenal en Mailín, en la Catedral Basílica, pero también recorrió San José del Boquerón cuando era misionero junto a los Jesuitas.
Siendo Obispo de Roma sorprendió con llamadas telefónicas a la ciudad de Campo Gallo (Alberdi) donde cumplían su misión pastoral sus amigos, el padre Joaquín Giangreco y el actual obispo de Chacomús, Juan Ignacio Liébana.

Pero su relación con la provincia también quedó plasmada en decisiones históricas. Fue él quien declaró a Santiago del Estero Sede Primada de la Argentina, reconociendo su valor histórico en el nacimiento de la evangelización del país. También impulsó la canonización de María Antonia de Paz y Figueroa, conocida popularmente como Mama Antula, convirtiéndola en la primera santa argentina.
En julio de 2022 envió un mensaje a la comunidad de Huachana (Alberdi) con motivo de los 202 años de la aparición en el monte de la Virgen de Huachana. “Nosotros necesitamos esperanza y necesitamos paz, pero no la tenemos; por eso somos peregrinos hacia la esperanza, porque creemos en ella y va creciendo dentro nuestro; y somos peregrinos de la paz, porque la vamos haciendo todos los días”, se lo escuchó decir.
También dejó su huella en la Iglesia local al nombrar cardenal a Vicente Bokalic en diciembre de 2024, integrándolo a un Colegio Cardenalicio que luego participaría en la elección de León XIV. Una continuidad que habla de legado y visión sobre su finitud y el rumbo que creía que debía tomar la Iglesia.

En Roma, en la Basílica de Santa María la Mayor descansan sus restos y su legado sigue caminando al lado de cada peregrino. Hoy habrá misas en todo el globo para recordarlo. El Papa de las periferias, el Papa del fin del mundo, habita en los corazones de millones de fieles. Por eso, a 12 meses de su ausencia física, aún lo lloramos.
