¿Qué está naciendo entre nosotros que merece ser cuidado?
Cecilia Inés Russo. Master Coach Ontológico Profesional. Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría.

Hay cambios que no llegan haciendo ruido. No aparecen en un plan estratégico, ni en un indicador de gestión. Tampoco ocupan el primer lugar en la agenda de una reunión.

Llegan de maneras mucho más discretas. Una conversación que termina distinto de lo habitual. Una persona que se anima a proponer algo que antes callaba. Dos áreas que empiezan a colaborar espontáneamente. Un pequeño gesto de confianza donde antes había desconfianza.

A simple vista parecen detalles. Y, sin embargo, muchas veces ahí comienza el futuro de un equipo.

Recuerdo una institución que atravesaba un momento de mucho crecimiento. Después de varios años de trabajo, habían aprendido a conversar, a coordinar y a responder creativamente a los desafíos que iban apareciendo. Sin embargo, lo que más me llamó la atención no fue ninguna de esas capacidades. Fue otra cosa.

En una reunión, alguien comentó, casi al pasar, una experiencia que había funcionado muy bien con un pequeño grupo de personas. No era un proyecto institucional. No estaba planificado. Ni siquiera parecía especialmente importante. La conversación podría haber seguido de largo. Pero no fue así, alguien se detuvo un momento y ante lo que se comentaba preguntó: “¿Y si acá hubiera algo que valiera la pena cuidar?”

La reunión cambió de ritmo. Ya no estaban analizando un problema ni buscando una solución. Estaban intentando comprender qué era eso que empezaba a mostrar señales de vida.

Con el tiempo descubrí que los equipos más maduros desarrollan una sensibilidad muy particular. Aprenden a reconocer esos pequeños brotes que pasan desapercibidos para la mayoría. Entienden que las grandes transformaciones rara vez aparecen terminadas. Casi siempre comienzan siendo frágiles. Necesitan tiempo. Necesitan conversación. Necesitan confianza. Y, sobre todo, necesitan que alguien las reconozca antes de que sean evidentes.

Quizás por eso algunos equipos logran renovarse una y otra vez, mientras otros sienten que siempre llegan tarde a los cambios. No porque unos sean más inteligentes que otros, sino porque aprendieron a mirar de una manera diferente.

Dejan de poner toda su atención en lo que no funciona y empiezan a desarrollar otra pregunta. Una pregunta que abre posibilidades:

¿Qué está naciendo entre nosotros que merece ser cuidado?

Cada vez que un equipo se detiene a responderla ocurre algo muy interesante. Empieza a reconocer fortalezas antes de que se conviertan en resultados. Descubre iniciativas antes de que sean proyectos. Cuida vínculos antes de que se consoliden. Y acompaña aprendizajes antes de que se transformen en cultura.

En ese momento la esperanza deja de ser un deseo para el futuro. Se convierte en una forma de mirar el presente. Porque donde otros solo ven hechos aislados, el equipo empieza a reconocer señales de una vida nueva que busca abrirse camino.

En el recorrido que venimos haciendo, el equipo acaba de conquistar una capacidad profundamente humana. Aprendió a reconocer los brotes antes de que se conviertan en árboles.

Y cuando eso ocurre, deja de pensar el futuro como algo lejano que algún día llegará. Empieza a reconocerlo en las pequeñas señales de vida que ya están presentes y decide crear las condiciones para que puedan crecer.

Cecilia Inés Russo.
Master Coach Ontológico Profesional.
Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría.

 

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