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Fin de la grieta en el Montecito de los Canichones: cuál es la única cuenta habilitada para recibir dinero y qué pasará con las donaciones

Natalia Soria, integrante de la Comisión Directiva habló sobre la reorganización del refugio tras la muerte del Polaco, las diferencias que surgieron con allegados al proteccionista y el acuerdo alcanzado para garantizar la continuidad de la obra.

LS
Por Lourdes Suarez Torres
Hace 2 horas · 8 min de lectura
Natalia Soria
FotoNatalia Soria

A casi dos semanas de la muerte de Eduardo “Polaco” Riemersma, el futuro del Montecito de los Canichones comienza a tomar forma. En medio del dolor, las diferencias y la incertidumbre que generó la ausencia de quien durante dos décadas sostuvo el refugio, los integrantes de la Comisión Directiva, junto a colaboradores y amigos del proteccionista, lograron alcanzar un acuerdo con un objetivo común: que la obra del Polaco continúe y que los animales sean la prioridad.

Así lo explicó Natalia Soria, integrante de la Comisión Directiva del Montecito, durante una entrevista en La Mañana de Info, donde contó cómo fueron los días posteriores a la muerte del proteccionista y cómo se logró destrabar una situación que había generado tensión entre distintos sectores vinculados al refugio.

No podemos permitir que la obra de 20 años del Polaco se pierda”, resumió Soria.

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Del conflicto al acuerdo: “Las diferencias quedan de lado”

La muerte del Polaco generó un fuerte cimbronazo en la organización del refugio. Según relató Soria, durante los primeros días hubo tensión, cruces y un intenso intercambio en redes sociales entre personas que habían acompañado al proteccionista desde distintos lugares.

La situación llegó a generar preocupación por la posibilidad de que las diferencias terminaran afectando el funcionamiento del Montecito.

Sin embargo, finalmente decidieron sentarse a hablar.

“Nos reunimos Martín Cabral, Sole Castelli, Toty, de la forrajería, y quienes éramos de la comisión (como la abogada Florencia Carol, secretaria) y dijimos: ‘Listo, ya está. Las diferencias quedan de lado, seguimos para adelante por los animales’”, relató.

Para Soria, el diálogo fue la clave para superar el momento de mayor tensión.

“Había mucha tensión, se armó un ida y vuelta en las redes, pero era cuestión de sentarnos a hablar. Pudimos hablar y llegar a un acuerdo”, explicó.

A partir de ese entendimiento, cada integrante comenzó a asumir distintas responsabilidades. Martín Cabral y Soledad Castelli pasaron a ocuparse de cuestiones vinculadas con la parte operativa del refugio, mientras que el manejo de los fondos continuará bajo la órbita de la Tesorería de la Comisión Directiva.

El esquema busca ordenar las tareas y, sobre todo, evitar que las diferencias personales se interpongan en el funcionamiento de un refugio que actualmente alberga a miles de animales.

El Polaco hacía mucho más de lo que se veía

Uno de los aspectos que más impactó a quienes quedaron al frente del Montecito fue dimensionar la enorme cantidad de tareas que Riemersma realizaba prácticamente solo.

Con su muerte, muchas de esas responsabilidades comenzaron a hacerse visibles.

“Nos ha tomado esto del Polaco. Algunos miembros de la Comisión Directiva no estaban aquí en Santiago cuando pasó todo. Recién el martes a la noche estuvimos todos acá y el miércoles nos reunimos”, contó Soria.

La organización tuvo que reaccionar rápidamente para garantizar la apertura y el funcionamiento del refugio.

“Yo creo que todos queremos el bien de los canichones, queremos que la obra del Polaco continúe. No queremos perder esto que al Polaco le llevó 20 años armar”, sostuvo.

Y remarcó que el verdadero peso de la situación está puesto en los animales.

“Había tantas vidas en juego. El peso del refugio son los más de 1000 animales que hay. No podíamos dejar que eso se ponga en juego y se pierda y que les pase algo”, afirmó.

Hay alimento, pero también cuentas que pagar

En cuanto a las necesidades inmediatas del refugio, Soria llevó tranquilidad respecto del alimento.

Según explicó, el Polaco había sido previsivo y dejó un importante stock acumulado.

Tenemos un montón de alimento. El Polaco era previsor, tenía un depósito con alimentos para un año”, contó.

El dato permite dimensionar el volumen de recursos que requiere diariamente el Montecito: actualmente se consumen alrededor de 12 bolsas de alimento por semana, y otros productos destinados a la alimentación de los animales.

Sin embargo, la existencia de alimento no significa que el refugio pueda funcionar indefinidamente sin ingresos.

“Sí, hay deudas que pagar. Tenemos que pagarles a los chicos, a los empleados”, explicó Soria.

En ese sentido, destacó especialmente el compromiso de los trabajadores del refugio, quienes conocían el funcionamiento cotidiano porque trabajaban junto al Polaco.

“Hay que sacarse el sombrero con ellos porque eran los únicos que conocían el manejo, al haber estado codo a codo con el Polaco. Ellos sabían qué había que hacer”, remarcó.

Los empleados reorganizaron horarios y tiempos para garantizar que el refugio continúe funcionando, mientras que los veterinarios que ya trabajaban con Riemersma también continúan vinculados al Montecito.

¿Qué pasa con el dinero de las donaciones?

Uno de los puntos que más interrogantes generó después de la muerte del Polaco está relacionado con las donaciones y los fondos del refugio.

Soria confirmó que la cuenta bancaria oficial del Montecito es la del Banco Santander que ya había sido utilizada por el refugio, pero actualmente se encuentra bloqueada porque estaba registrada a nombre de Riemersma.

“Esa cuenta hoy, obviamente, está bloqueada. No podemos disponer de los fondos porque estaba a nombre del Polaco”, explicó.

La situación no implica que el dinero desaparezca ni que la cuenta deje de ser la referencia oficial del refugio, sino que se debe atravesar el proceso correspondiente para poder volver a disponer de esos fondos.

“Puede ingresar dinero”, aclaró Soria, al explicar que la cuenta continúa siendo la cuenta oficial comunicada por el refugio.

Mientras tanto, dos integrantes de la Comisión Directiva también fueron habilitados para recibir donaciones, con el objetivo de garantizar que el Montecito pueda continuar contando con recursos durante este período de transición.

Además, se trabaja para recuperar una alternativa que permita recibir aportes provenientes del exterior.

“Hay mucha gente del exterior que quería hacer su donación y la cuenta que estaba para eso ya no está. Entonces se están arbitrando medios para ver cómo hacer para que esa gente pueda hacer llegar su donación al refugio”, señaló.

“Poniendo a los animales primero, las diferencias quedan de lado”

Para Soria, el proceso de reorganización también permitió comprender que todos los sectores que rodean al Montecito tienen una responsabilidad común.

El objetivo, insistió, no puede ser quién ocupa determinado lugar o quién tiene razón en una discusión, sino garantizar que los animales continúen recibiendo alimento, atención veterinaria y cuidados.

“Todos buscamos el mismo fin. Todos queremos que los canichones estén bien”, sostuvo.

Por eso, consideró que el diálogo permitió dejar atrás las diferencias que habían aparecido después de la muerte del proteccionista.

“Hay que mirar para adelante. Las diferencias de las cosas que se pueden haber dicho ya se fueron. Ahora tenemos que trabajar”, resumió.

El recuerdo del Polaco que quebró a Natalia

En medio de la entrevista, Soria también se quebró al recordar a quien durante años fue su amigo y compañero en esta enorme tarea.

Entre los recuerdos que conserva aparece una frase que Riemersma solía decirle cuando hablaban de nuevos proyectos y de todo lo que todavía quería hacer.

El límite son las estrellas”, le había dicho alguna vez el Polaco.

La frase quedó grabada en Natalia y hoy adquiere otra dimensión.

“Yo creo que ni las estrellas van a ser el límite para él, por la gran obra que ha hecho”, expresó, emocionada.

Para quienes trabajaron cerca suyo, la dimensión de Riemersma no terminó de comprenderse hasta después de su muerte. El impacto de su partida trascendió incluso las fronteras de Santiago del Estero: proteccionistas, figuras públicas y personas vinculadas a la defensa animal de distintos lugares del mundo expresaron su dolor.

Soria recordó que durante años recibió comprobantes de personas que enviaban dinero desde distintos países para ayudar al Montecito.

“Éramos, a nivel mundial, una familia importante. Lo conocían en todos lados”, afirmó.

Una obra que busca continuar sin su creador

El desafío que enfrenta ahora el Montecito es enorme: mantener en funcionamiento una estructura que durante 20 años estuvo fuertemente ligada a una sola persona.

No habrá “otro Polaco”, reconoció Soria. Pero sí existe la decisión de sostener aquello que construyó.

Riemersma no solo rescataba animales. También desarrollaba tareas de concientización y educación, especialmente en sectores vulnerables donde el abandono y el maltrato animal eran una problemática cotidiana.

Su legado, entonces, no se reduce a los cientos de animales que hoy viven en el Montecito.

Ahora, quienes quedaron al frente deberán convertir ese legado en una responsabilidad colectiva.

Y, al menos por ahora, el mensaje parece ser claro: las diferencias pueden esperar; los animales, no.

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